Ana Frank, escritora

El diario de Ana Frank es uno de los libros más leídos y comentados de la historia. Testimonio de la clandestinidad y de la ocupación nazi de Europa, sus “cartas a Kitty” sobrevivieron al allanamiento de la Gestapo y fueron editadas por su padre, Otto Frank, en 1947. Pero el Diario que llegó a nosotros, ¿es el que Ana proyectó para el público? En un breve ensayo, la catedrática Laureen Nussbaum revisa las decisiones tomadas por Otto en contraposición a la publicación que Ana tenía en mente.

Por Edna/Melissa

El diario de Ana Frank es uno de los libros más leídos y discutidos del mundo. Ana lo escribió y reescribió durante los dos años en que ella y su familia se escondieron de los nazis, en Ámsterdam. A fines de 1944, una delación llevó al arresto de los Frank junto a los demás ocupantes del anexo secreto: la familia Van Pels y Fritz Pfeffer. En 1945, Ana y su hermana Margo morían de tifus en el campo de concentración de Bergen–Belsen; su padre Otto fue el único de los Frank en volver a Ámsterdam. Allí, su amiga Miep Gies le entregó una serie de cartas, papeles y cuadernos que se habían salvado del allanamiento nazi: los escritos de Ana.

En 1947, Otto los publicó bajo el título El anexo secreto. El libro no tardó mucho en convertirse en el Diario que todos conocemos. Otto Frank admitió, años más tarde, haber editado el libro y sacado partes que resultaban sensibles a la familia o que no le serían de interés al lector. En un ensayo aparecido en el sitio oficial de la casa de Ana Frank, la estadounidense Laureen Nussbaum, catedrática emérita de Literatura por la Universidad de Portland, EEUU, conocida de Otto Frank, revisa los dichos y los hechos de la edición al diario de Ana realizada por su padre. ¿Es el Diario de Ana un diario íntimo? ¿O es una producción literaria?

tagebuch1-be4953ea
El diario original de Ana se conserva en el museo de Ámsterdam

Las versiones del Diario

El 12 de junio de 1942 Ana cumple 13 años. Ya sabe qué va a recibir como regalo, ella misma lo ha elegido: un cuaderno de autógrafos de tapa cuadrillé, rojo y blanco. Ana lo usará como diario. En julio de ese mismo año, la familia Frank toma la última medida a su alcance para escapar a los nazis: se esconden en un anexo secreto de la oficina de Otto. La angustia de los primeros días impiden a Ana continuar con su diario. Tras leer una serie de novelas infanto–juveniles de la autora Cissy van Marxveldt, Ana copia su formato epistolar y comienza a dirigirse a una amiga, Kitty, en cada entrada del diario. Hacia finales de 1942, el cuaderno rojiblanco ya estaba lleno y las cartas a Kitty se esparcían por otros papeles. En la primavera boreal de 1944 ocurrió algo definitivo para Ana: un anuncio en la radio.

El 29 de marzo el ministro de educación holandés en el exilio, Gerrit Bolkestein, habla desde Londres: les pide a las y los ciudadanos holandeses que preserven todo aquello que testimonie el sufrimiento civil durante la ocupación nazi: “documentos comunes –un diario, cartas… material cotidiano, simple”. Ana lo describe en su diario:

¡Querida Kitty!

Ayer por la noche habló el ministro Bolkestein por Radio Oranje y dijo que tras la guerra se publicarán compilaciones de diarios y cartas que hayan sido escritas en estos tiempos. Naturalmente todos [los habitantes del anexo] mencionaron enseguida mi diario. Imaginate qué interesante sería si yo publicara una novela basándome en el anexo. Ya solo con el título [“El anexo secreto”] la gente creería que se trata de una novela policial.

Ana empieza a reescribir sus entradas, piensa en sus futuros lectores: al terminar la guerra quiere publicar su diario, quiere convertirse en escritora o periodista. Ana edita y reescribe, estandariza el formato de sus entradas –ahora están todas dirigidas a Kitty–, prepara una lista de seudónimos y elimina pasajes que cree poco interesantes o demasiado íntimos para un público más amplio.

La versión inicial de su diario –la más espontánea, un tanto infantil– es la que las ediciones críticas del Diario denominan “versión A”, mientras que la versión actualizada, corregida y ampliada por la propia autora es la “versión B”. ¿Cuál de estas versiones fue la que publicó Otto Frank? Ninguna de las dos, más bien una combinación de ambas: la llamada “versión C”.

Anne_Frank_Diary_at_Anne_Frank_Museum_in_Berlin-pages-92-93

Los mitos

Durante décadas, Otto Frank sostuvo un mito que él mismo instauró. Según él, los únicos pasajes que había dejado fuera de la publicación, “de poco interés para el lector”, eran aquellos en los que Ana se refería a su desarrollo físico o a la complicada relación con su madre. Pero había ocurrido lo contrario: había sido Ana la que había editado muchas de estas referencias en su versión “B”, mientras que Otto las había reinstaurado. Lo mismo ocurrió, por ejemplo, con una entrada en la que Ana hablaba de su menstruación. Es interesante pensar que ella la sacó de la publicación que tenía en mente, quizás considerándola demasiado íntima. Fue su padre quién la volvió a incluir. Lo mismo con las descripciones de desazón y tristeza que Otto tomó de la versión “A” y no del diario editado por Ana.

Descripciones de desazón y tristeza: los sentimientos de una adolescente. Ana los había sacado de su trabajo –sí, su trabajo–, o bien había tomando estas entradas y las había usado como la base de una serie de cuentos. Ficciones.

Basándose en la entrada del 29 de diciembre de 1943, un retrato amoroso de su abuela materna, Ana escribió el cuento “El ángel guardián”; de su infatuación con Peter Van Pels produjo una historia que tituló “Felicidad”. Estos cuentos fueron publicados años más tarde como “Historias del Anexo Secreto”, pero Otto, en su versión “C” de 1947, tomó algunos de ellos haciendo la transformación a la inversa: incluyéndolos como entradas del diario.

La versión “A” de las entradas de 1943 se había perdido, y por lo tanto los textos de ese año pertenecen únicamente a la versión “B”. “Es el período donde el lector alcanza a apreciar mejor qué textos había preparado Ana para publicar”, explica Nussbaum, “se trata de auténticas «piezas de género», escenas costumbristas que describen la rutina diaria de los ocho escondidos, amén de graciosas descripciones de episodios especiales muy bien observados que interrumpen esa rutina”.

¿Por qué, se pregunta la autora del ensayo, Otto Frank editó el diario de esta manera? ¿Pensó que sería de mayor agrado al lector pensar los escritos de Ana como la pluma espontánea de una muchacha? ¿Creyó necesario darle a todo el libro la pátina de un diario no revisado, no editado por su propia autora?

Una posible explicación Nussbaum la encuentra en la existencia de dos hojas del diario que Otto Frank mantuvo ocultas. En ellas, Ana minimizaba sus aspiraciones literarias, una afirmación que sin embargo también se reproduce en el texto publicado: aduce que nadie se interesará por “las confidencias de una niña de trece años”. En las hojas halladas indicaba que cuidaría de su diario para que no cayera en las manos de nadie. “Papá Frank interpretó todo esto de un modo demasiado literal”, argumenta Nussbaum, “temiendo que le acusaran de haber publicado los escritos de Ana en contra de su voluntad. Nada más apartado de la verdad. Y es que Ana había preparado la publicación de su epistolario mediante una minuciosa revisión”

image-322177-860_panofree-esuk-322177

Ana Frank, escritora

Al reescribir sus textos, argumenta Nussbaum, Ana “sentó muy conscientemente las bases de su posterior epistolario, para que el lector pudiera hacerse una idea cabal del entorno en el que se desarrollaban sus experiencias de escondida y donde al poco tiempo, presionada por las circunstancias, se convertirá en una persona autónoma y novel escritora”

Han pasado ya más de setenta años desde la publicación de la primera versión del Diario de una joven muchacha. Este diario es hoy uno de los libros más comentados, estudiados y leídos del mundo. Esta ópera prima de la joven escritora Ana Frank cumplió con creces el pedido del ministro Bolkestein: a través de la descripción minuciosa de una vida de persecución y clandestinidad, Ana legó a todas las generaciones venideras el retrato de una adolescencia amenazada, el testimonio de una época y un poderoso documento en el ejercicio de la Memoria.

Ana Frank murió entre febrero y marzo de 1945, a tan solo unas semanas de la liberación del campo de concentración. Hoy, setenta y tres años después, vale recordarla como lo que fue y lo quería convertirse de lleno cuando la guerra terminara: una escritora.

Dejá un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s