Locas –la condena de ser mujer, negra y pobre. Entrevista a Melissa de Oliveira, coautora de “Lucha antimanicomial y feminismos” (Brasil)

Por Noelia Espindola*

Melissa De Oliveira Pereira es psicóloga, investigadora de la Escuela de Salud Pública Sérgio Arouca (Fiocruz) en Rio de Janeiro, integrante del Núcleo de Lucha Antimanicomial en la misma ciudad, feminista y coautora/organizadora junto a Rachel Gouveia Passos del libro “Lucha Antimanicomial y Feminismo: Discusiones de género, raza y clase para la reforma psiquiátrica brasileña”

Me encuentro con Melissa a la salida de la estación de subte de Cinelandia, pleno centro de Rio de Janeiro; mucha gente, mucho calor, horario pico, llovió todo el día, pero eso no impide el encuentro. Después de dos meses de intercambiar mensajes, finalmente nos encontramos. Ella fresca con una sonrisa en la cara, yo ansiosa; las dos sonreímos. Me invita a ir a un bar dentro de una librería para comenzar la entrevista.

Con la reforma psiquiátrica brasileña llegando casi a sus 40 años y la ley federal que creó los servicios de atención en la comunidad, ¿qué representa la lucha antimanicomial y cuáles crees son los desafíos actuales?

La lucha antimanicomial es una lucha que excede a la cuestión de salud, principalmente siguiendo el pensamiento basagliano –que las condiciones sociales, laborales, económicas y afectivas dentro del sistema capitalista generan sufrimiento psíquico, por mencionar escuetamente– y la propia corriente de reforma psiquiátrica brasileña, porque ella surge muy vinculada al movimiento de resistencia contra la dictadura aquí en Brasil durante los años 80… Entonces diría que la lucha antimanicomial es una lucha por otra sociedad, es una lucha anticapitalista porque en cuanto exista el capitalismo, habrá espacios manicomiales y de encierro total, lo cual es muy difícil de atacar por sí solo. Porque mientras se van cerrando por ley manicomios, se van abriendo comunidades terapéuticas u otras instituciones con iguales condiciones de encierro, al menos así está el escenario en Brasil.

La cuestión no es sólo cerrar el hospicio, es una parte, y ahí se abre un mundo de diferentes problemáticas vinculadas entre sí. Por ejemplo, el año pasado comencé una investigación sobre cuál es el uso que hacen las mujeres de medicamentos y los datos recabados demuestran que en Brasil las mujeres usan el doble de psicotrópicos que los hombres –representan el 67% del público de venta. Hoy en día, ginecólogos y obstetras son quienes más indican psicotrópicos en el país, más que psiquiatras. Entonces ahí damos cuenta de cómo trasciende a la institución. Se manipula así de un modo particular el cuerpo de la mujer, entonces de ahí que hablemos de la lucha antimanicomial como la lucha por otra sociedad, anticapitalista. Si no articulamos, no nos fusionamos con otras luchas, como por ejemplo el movimiento negro, nuestra lucha queda vacía. Si vemos que el manicomio tiene color, es con el movimiento negro con quienes tenemos que construir, como así también con el movimiento gay y transexual, porque esas personas hoy acceden a tratamientos de modificación hormonal sólo a través de un diagnóstico psiquiátrico: disforia de género. Es con el movimiento de personas en situación de calle con quienes tenemos que estar porque ellos son internados compulsivamente. Es con el movimiento feminista con quienes tenemos que luchar.

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Entre todos estos cuestionamientos a los nuevos desafíos, ¿surgió también el de introducir las discusiones de género –feministas– en la lucha?

Cuando estaba terminando una maestría volví a trabajar en los servicios y ahí la “cuestión de las mujeres” se me presenta de una forma muy importante porque voy conociendo mujeres, en ese momento estaba trabajando en niñez, y van apareciendo una serie de cuestiones. La primera es que la mayoría de las responsables de esos chicos y chicas son madres abandonadas por sus compañeros hombres cuando sus hijos o hijas comienzan a necesitar atención en salud mental, y eso se repetía en otros espacios que habitaba. En ese tiempo voy conociendo más a esas mujeres y a otras, al mismo tiempo que me voy introduciendo en algunos debates feministas, y principalmente me voy reconociendo mujer también. Es un proceso de tomar conciencia, de comprender que no es coincidencia, coincidencia de que seas silenciada, que nunca consigas progresar en un grupo de hombres, no es coincidencia que siempre sea UN colega quien va a ganar un cargo, que no es coincidencia que en las relaciones amorosas, sea de tus amigas, hermanas, pacientes, las cosas se den de manera parecida y así es que me acerco al feminismo y voy comprendiendo que todas esas coincidencias o gran coincidencia en realidad no lo son, si no que se da por el hecho de ser mujeres. Y ahí voy reconociendo una serie de opresiones y también voy y vamos reconociendo lugares de privilegio y eso para la militancia es fundamental.

Los manicomios de Brasil, y me atrevo a decir Brasil y no sólo Rio de Janeiro, por las características del país, tienen pobres, y si una mira incluso superficialmente se da cuenta que esa población pobre es mayoritariamente negra. Entonces el primer punto a visibilizar era que el manicomio está atravesado por la clase. Claro que hay personas ricas o de clase media que pueden estar o estuvieron internadas en hospitales psiquiátricos en algún momento o durante toda su vida. Pero las personas psiquiatrizadas aquí en Brasil son mayoritariamente las personas pobres y negras.

También comenzamos a ver que aunque la mayoría de las personas internadas no son mujeres, éstas al momento de ser internadas estaban atravesadas por cuestiones específicas, y ahí vimos que había que prestar atención y dar visibilidad a la situación de las mujeres negras porque eran ellas las personas más oprimidas dentro de los manicomios.

¿De ahí surge la idea de escribir y hacer el libro como una forma de visibilizar la situación de las mujeres dentro del sistema de salud?

En ese momento ya venía con la necesidad y deseo de construir un núcleo de desmanicomialización feminista y cuando conozco a Rachel [Gouveia Passos, co-editora del libro], ella estaba estudiando el proceso de trabajo de las mujeres en el campo de la salud mental e investigando especialmente las condiciones de trabajo de las cuidadoras en residencias terapéuticas. Las cuidadoras son trabajadoras altamente precarizadas que hacen todo tipo de trabajo, desde mantener la higiene personal de las personas hasta cuidar de la alimentación, acompañar en salidas, cuidar de la casa. Entonces a través de su investigación ella va dando cuenta de que esas trabajadoras son mujeres negras precarizadas que tienen también un alto grado de sufrimiento psíquico directamente relacionado con esas condiciones de trabajo. Nuestro interés viene de la lucha y militancia pero también queríamos comenzar a marcar algunas líneas teóricas y políticas sobre la lucha antimanicomial y no sólo sobre la reforma psiquiátrica, como así también sobre y desde el feminismo y no sólo de la cuestión de género. Y actualmente me encuentro estudiando cómo las mujeres construyen y son parte de colectivos de salud mental, cómo ellas ven y cuentan el proceso de la reforma psiquiátrica, cómo entienden y ven las cuestiones de género-raza-clase y como todo eso aparece y es parte de sus vidas a partir de sus narrativas, historias.

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Melissa De Oliveira y Rachel Gouveia Passos, recopiladoras, junto a Beatriz Adura, una de las autoras, durante la presentación del libro en Sao Pablo

Contame un poco sobre el libro, ¿qué problemáticas desarrolla?

Fue complejo todo el armado porque teníamos la necesidad de reunir a muchas colegas de diferentes partes de Brasil y porque creíamos que había temas que no podían faltar, por ejemplo el de las instituciones psiquiátricas/asilares pero también ampliar un poco más la discusión. Uno de los artículos es sobre Maura Lopes Cançado, escritora que muere en un manicomio carioca, de cómo es atravesada por la institución; otro artículo da cuenta de cómo se psiquiatrizan ciertos comportamientos y cómo eso aparece especialmente en chicas lesbianas, como recurso punitivo y de patologización; otro de una defensora pública del estado de Rio de Janeiro relata la doble estigmatización de mujeres dentro de los manicomios de dependencia judicial** y el rol de las Defensorías Públicas en esos casos. Otros artículos hablan de las comunidades terapéuticas y los abordajes dentro de ellas sin perder de vista las cuestiones género y la sexualidad. Por otra parte un artículo habla no sólo de cómo y por qué las mujeres son internadas, sino también de cómo muchos aspectos y ejercicios del patriarcado , del racismo generan sufrimiento, opresiones previas. Por último también hicimos una apuesta teórica y política para mostrar que las mujeres no se quedan en el lugar de oprimidas, ellas resisten, militan, tienen procesos de reafirmación-reconocimiento, de agenciamiento y para nosotras hablar sobre eso también era muy importante y acaba apareciendo en dos artículos que relatan la organización de mujeres para acompañar a otras mujeres usuarias de crack y una entrevista a a la presidenta de Loucura de Nós, una asociación de usuarias/os de los servicios de salud mental.

*Amiga de la casa. Comunicadora social, amante de la calle, la fotografía y lxs poetas malditxs.

**En Argentina se los conoce como pabellones psiquiátricos dentro del sistema carcelario.

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