“’Las chicas están bien’ va a apuntar a eso: al poder de la mujer y al poder de los no vistos” – Entrevista a Andrea Álvarez, pionera del rock

Andrea Álvarez es baterista, percusionista, cantante y compositora, mujer pionera del rock argentino. Juana Sostén charló con ella sobre su extensa carrera artística, su visión del rock, el género, el público y la industria y sobre Las chicas están bien, su incipiente documental sobre el pasado y el presente de las mujeres en la escena del rock argentino.

Hola Andrea, ¿cómo estás?

¡Hola, muy bien! Ay, tengo a mi perro ladrando y lo quiero acogotar, ¡es un plomazo!

¡Quiere participar de la entrevista!

Este quiere participar de todo

¿Cómo se llama?

Se llama Bonzo, como el baterista de Led Zeppelin.

Bueno, lo que Bonzo quiera acotar…

Me alejo porque si no, no escucho nada, ¡tenés que verme dándole patadas al aire! (risas)

En primer lugar te agradecemos por tu tiempo, sabemos que estás con muchos proyectos. Tenés una carrera impresionante, Andrea, y si te parece la comentamos de forma cronológica: ¿cómo la ves desde ahora, en perspectiva? ¿Cómo arrancaste?

Mirá, yo nunca le doy mucha bolilla porque tengo muy naturalizado todo. En realidad siempre me entusiasma el presente. Estoy muy amiga con mi pasado porque siempre estoy contenta con mi presente. Entonces no tengo esa nostalgia y lo puedo ver desde un lugar más lindo, no agarrándome de eso para existir, para nada. Me gustan el presente y el futuro.

A mí me piden mucho que escriba un libro, me piden bastante. Y nunca quiero. No tengo ganas, pienso que hay que dedicarle un tiempo que no tengo ganas de dedicarle, me aburre, no me interesa. Y también me piden documentales.

Esta vez le dije que sí a un director muy conocido mío, pero porque me puse a pensar, a acordar de cómo empecé y a verlo no como si fuera yo, a verlo así, más desde afuera, y claro, era otra época, y yo era muy, muy chica, y desde muy chica supe qué quería en la vida, y desde muy chica me comprometí de una forma tan tenaz que no pudieron decirme que no, mis viejos ni nadie. Decidí ser baterista. Me di cuenta que quería ser música, que quería estar arriba del escenario. Y me di cuenta desde que fui a shows de rock de que quería tocar rock. Yo sabía que era eso lo que yo iba a ser, y veía mi ser público como algo momentáneo.

Empecé a fines de los 70, era muy chica, tenía 15, 16 años, empecé a tocar la batería, y enseguida debuté en el grupo MIA, del cual yo era fan. Es una banda de los Vitale, el germen de la música independiente en Argentina. Yo tuve suerte de caer ahí, porque ese era un lugar donde no había discriminación por ser mujer. Las mujeres y los hombres, de hecho los padres de Lito Vitale, madre y padre, eran iguales. Había muchas minas. Casi todas, de alguna forma, tocaban la batería. Eso a mí –sin darme cuenta– me abrió una puerta, me dio un permiso, más el que había en casa, porque mi vieja también era una mina muy dominante, mis viejos eran muy pares. Yo crecí ahí. Tuve un permiso, una puerta que se abrió grande. Terminaba mi clase de batería y a lo de Lito Vitale venía a ensayar Spinetta Jade, por ejemplo. Yo estaba cerca de todo eso, y después fui parte activa.

En el 80 empecé con Rouge, que fue la primera banda de temas propios de rock–pop argentino de mujeres, y eso derivó en Viudas e Hijas de Roque Enroll, y a partir de ahí empezó toda una carrera mía donde decidí ser sesionista, digamos. No hacía mi propia música; mi lucha –mi militancia– estaba en el poder de ser efectiva y virtuosa.

ROUGE
Rouge

El otro día me acordaba de cuando mis viejos a los 15 años me llevaron a Europa. 1978. En Europa estaba el punk, me llamaba la atención. El punk fue el primer movimiento que tuvo muchas mujeres en su escenario. Pero la lucha del punk, la rebelión, tenía que ver con que no querían tocar bien. Tenían mucho para decir, tenían toda una sociedad en contra, y no les interesaba el virtuosismo de una elite, sino que querían expresar lo que pasaba socialmente con dos acordes. Yo no me identificaba con eso. Era re fanática de muchos hombres –mujeres casi no había– que tocaban bien. [En ese] entonces, en general, todo lo que tenía un poco de poder y visibilidad lo hacía un varón. Entonces yo quería ser como los varones, pero no ser como un varón, sino tener ese lugar de importancia. Mi lucha era competir de igual a igual. Y me esforcé mucho por eso. El punk no me identificaba pero me daba mucha curiosidad.

Formaste parte de Rouge, la primera banda de rock argentino integrada totalmente por mujeres. De Rouge no se encuentran muchos archivos o registros sonoros que se vean o se escuchen bien, ¿qué te hace pensar?

No es solo de Rouge, no hay. Había una banda cuya cantante se llamaba Púrpura, había otra banda más under que se llamaba Las Ex, y en esa época del under –que no se veía– no quedan registros porque no había. Hay una mina de una banda que se llama El lado salvaje, cuyo nombre ahora no recuerdo, que es influencia directa de todo el under de los 90. Esa mina, de la zona sur de Buenos Aires, desapareció en el Amazonas. No hay registro de nada, de ella. Nosotras llenábamos los lugares. Fijate que de Viudas e Hijas, que era algo comercial, hay poco registro. De todas maneras, si te ponés a fijar, hay una negación ante la historia de la mujer en la música. La primera rockera a nivel internacional, en vez de Chuck Berry, se llamaba Sister Rosetta Tharpe. Ella fue más importante que Chuck, más pesada. Dicen que fue la influencia directa de Elvis. Sin embargo debe ser hace dos, tres años que la gente empieza a saber que existe. Si vos ponés “female bands” (bandas femeninas) [en el buscador] te encontrás con un montón de filmaciones en blanco y negro de la tele de los 60, y vos ves que en la tele había un montón, pero no hay registro, no existen. Tenés que estar buscando, buscando. Sin embargo los varones sí llamaban la atención. Por ejemplo Bo Diddley, que fue un guitarrista muy famoso, tenía una violera que se llamaba Lady Bo. La mina fue negada durante años. Todos decían que ella tocaba así por él, y sin embargo él –no tan fuerte– decía que no, que era al revés: él la había visto a ella tocar de esa manera. Hay toda una historia no contada que es muy fuerte. ¿Por qué? Qué sé yo por qué. No pasa en la música nada más.

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Junto a Augusto Monk están pensando y armando un documental, Las chicas están bien; parafraseando tu canción “Las chicas están bien”, en la letra repite “las chicas están bien, las chicas estamos”, ¿el documental es una forma de decir “estamos acá”?

A mí siempre me interesó la historia de la mujer en la música en general y en el rock en particular. Hubo un momento, en el 2000, cuando me hice solista, unos años antes estuve necesitada de escuchar música argentina que hablara de lo que me interesaba, y como no la encontré, la hice yo, me la hice yo para mí. Pero siempre me pareció importante escuchar la voz femenina, la problemática, el compromiso. Por eso siempre me gustó Joni Mitchell, Joan Baez. Siempre estuve atrás de eso. Patti Smith, en su momento. Entonces Las chicas están bien tiene que ver con esa historia no contada. Vos fijate que cada vez que se habla de “rock femenino” o “las chicas del rock”, se dice “las nuevas chicas del rock” y mezclan todo: ponen por ejemplo a Rosario Bléfari, que tiene mi edad, mezclan con algunas nuevas –las que ellos conocen– y ponen los nombres de siempre, las preguntas de siempre. A mí me pudre eso. Encima hay una falta de compromiso, en el rock, con respecto a la temática femenina. Recién ahora, este año, se empieza a escuchar artistas de la escena de rock argentino hablando de temáticas de género. Yo hablo desde hace un montón, y si bien soy muy reconocida, no soy de las que tiene visibilidad a nivel masivo, más público. Yo toco con gente que tiene mucho público, pero a mí no me viene a ver mucha gente, toco en lugares muy chiquitos. Si bien soy conocida –voy por la calle y la gente me saluda– no registran del todo –andá a saber por qué. Yo sí creo por qué. Por lo mismo que estamos hablando.

Lo que estoy descubriendo es lo que yo ya sabía. Nosotras, cuando éramos un poquito más grandes, de cuando empezamos, con María Epumer, Claudia Sinesi y yo, siempre fuimos como muy hermanas, muy amigas. Siempre nos juntábamos a hacer nuestros famosos tés con masitas, tortas. Nos gustaba mucho. Charlábamos mucho de la “escena mujer”, de la falta que había. Me acuerdo una de las últimas reuniones, María Gabriela me decía “ponele el ojo a Erika García, que es vanguardia”, cuando Erika recién empezaba a cantar. Nosotras estábamos muy metidas en eso. María Gabriela era fanática de descubrir chicas músicas, salía mucho a la noche. Siempre hablábamos, decíamos “che, hay que seguir luchando por el lugar de las mujeres”, y ella decía “mirá, si tenemos que seguir abriendo el camino con guadaña, y, tendremos que seguirlo abriendo”.

Ahora hay un montón. Pero hay un montón en el under. Y el otro día, cuando hice el primer día de la filmación, me encuentro con dos bandas –tres bandas–, dos de las cuales conocí en el programa de televisión en el cual laburo, Rock del país. Ahí las conocí, y me coparon. Unas venían de Formosa, se llaman Yucca, y otras del Gran Buenos Aires. Bandas de metal. Feministas. Eso es lo que más me llamó la atención, en su momento. Yo no sabía de qué iban a hablar. Unas volvieron a verse, hicieron una colecta de plata, vinieron de Formosa otra vez. Me encontré emocionada por el compromiso. Feministas militantes, ¡el discurso que tenían! No solo eso: todas laburaban de otra cosa para vivir, y todas laburaban comprometidas socialmente, aparte. Educando pibes. ¡Con unas cabezas! Aparte, cuando tocaron, ¡eran buenísimas! Las grabamos tocando en un estudio. Yo no podía más de las lágrimas, ¡era una emoción! Al otro día había dormido tres horas y tenía que tocar y estaba llena de emoción, me dije “estoy feliz de estar haciendo esto”.

Eso es Las chicas están bien. Es el mundo que no vemos, un universo que está oculto pero que existe. Es como una Ciudad Gótica que tiene muchas heroínas. Creo que es el gran recambio que tendría que haber en el rock argentino, que es tan aburrido.

De alguna manera al decir que sí a este documental abriste la puerta a todo este mundo que ha sido invisibilizado y lo sigue siendo, porque a estas pibas que llegaron a vos seguramente no les es mucho más fácil llegar a ser conocidas

Aparte el under está totalmente anulado. Para mujeres y varones, pero para las mujeres, más.

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Es como en el fútbol, que se le dice “fútbol femenino” y en cambio al de varones no se lo llama “fútbol masculino”, lo mismo pasa acá con el rock.

Sí, en este país pasan cosas que son muy difíciles de explicar. Por idiotas (risas). Cualquier persona con sentido común no lo diría. Vos fijate que las grillas de los festivales –conozco mucho el ambiente, estoy metida hace décadas. Conozco a todas las personas que trabajan, me he peleado con todas, por eso tampoco puedo trascender determinados espacios: he tomado una postura. He dicho que no, y digo que no con mi actitud, ante un montón de maltratos y formas. Lo he sufrido, y he estado muy sola, siempre. Hay muchas personas a las cuales yo no les creo nada. Hay mucha estrategia, mucha mentira. Lo mismo que pasa en todos lados, no es diferente de cualquier entorno. En la radio también pasa, ¿qué pasa con las mujeres periodistas de rock? Se las ha anulado, como que las mujeres no saben de rock. La discriminación, han sufrido abusos. Los maltratos son sistemáticos. Ahora está buenísimo que eso todo ahora se diga, se hable. Es como una catarsis. Está bien también que haya una catarsis, que haya desprolijidades en esa expresión. Es proporcional a lo que se tapó.

El tema, el punto, es la gente. El público. Qué le pasa al público, que le cuesta tanto la mujer. Le cuesta tanto a las chicas unirse, tener empatía con artistas mujeres de la misma manera que tienen con otros a los cuales hacen famosos. El público mayoritario es femenino. El otro día estaba mirando Cosquín Rock y miraba el público y eran todas pibas, y yo los escuchaba cantar a los chabones y decía “no puedo creer… puedo entender que vayan un ratito, ¡pero que sean tan fanáticas de esto!” Me asustaba. Entonces ahí es donde yo pienso que hace falta tiempo todavía para un cambio real. Porque a la industria no creo que le importe si el que está arriba del escenario es mujer, hombre, lo que sea. Le importa cuántos tickets vende. Eso es una realidad. Y el público es el que acompaña o no. Esa es la realidad, también. Y parte del público somos mujeres, somos nosotras.

¿Cómo sigue el proceso de este documental? ¿Cuándo lo vamos a poder ver?

Las chicas están bien es el documental y es todo un movimiento que ojalá sirva para que se vea, se visibilice, la mujer en la música. Las nuevas, las grandes, todas. Pienso hacer todo lo que sea de difusión: las redes, una página web. Voy a hacer un laburo con gente, un laburo de investigación, donde estén todas las bandas linkeadas. Que la gente pueda ir ahí a investigar.

Ahora vamos a grabar el “teaser”, el trailer. Me dieron el subsidio del INAMU, o sea que tengo un poquito más de plata. Todo esto lo hago yo sola: me siento, negocio, pido la plata, la pongo, la debo (risas). Mi eterna vida.

El documental tiene las bandas under, que ya hicimos varias, tiene una parte de mi concierto… yo sería el núcleo que va uniendo, como en un viaje, por décadas, a las mujeres. Y también tiene una parte que se llama “dream team”: voy a tratar de juntar, en canciones emblemáticas del rock argentino compuestas por mujeres, a todas las generaciones en bandas. Yo voy a tocar la batería, por supuesto (risas).

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Celeste Carballo y Patricia Sosa

Hay una parte del documental que es una reunión de estas mujeres. Ahí vamos a ser como veinte bateristas mujeres. Supongo que antes de fin de año ya va a estar terminado. Muchas por ahí me van a decir que no, ojalá que no. No va a ser un catálogo. Hay muchas que no van a estar. Ojalá que tengan ganas las que necesito que estén, porque necesito que [el documental] tenga esas voces, que para mí son fundamentales, como Celeste Carballo, Patricia Sosa, las fundacionales. Desde ahí yo arranco en los “derivados”. También me gustaría encontrarme con María Fernanda Aldana, que es una mujer que fue fundamental para toda una generación. Es una historia difícil, toda esa. Muy heavy. Para mí, muy dolorosa. Es un punto que va a ser muy difícil de tratar. Nosotras, las músicas, somos las que decidimos ser protagonistas, y no público, y es otra visión la que una tiene. Pero a la vez vos también sos público de otros artistas. Yo por ejemplo entiendo mucho a la chica público, y me conecto mucho con los abusos y todo eso, estoy con la antena muy parada. Me duele, pero es un tema muy delicado. Cuando una se mete puede dar a malos entendidos –cualquier explicación– porque es un tema muy jodido de tocar, sobre todo para las involucradas, las chicas que sufrieron.

Para mí hay algo que es básico, que es alimentar el empoderamiento. Hay una cosa que siempre digo desde que soy muy chica, y lo he sufrido yo también, yo he sido pareja de muchos varones tóxicos, porque yo estaba tóxica también, y creo que hay una cosa fundamental en la lucha feminista, de la mujer (y aunque la mujer no se de cuenta de que es feminista) que es fortalecer nuestra personalidad. En lo principal que esta cultura nos cagó la vida es en decirnos y en enseñarnos que lo más importante era ser queridas por alguien, ser lindas, ser deseadas. Y eso nos anuló. Es tan fuerte esa cultura, tan heavy metal. Nos anuló en toda el autoestima, y en la forma en que nos vinculamos. Perdimos totalmente en poder. Y creo que las nuevas generaciones están acá para recuperarlo, porque evidentemente mi generación, y una posterior, fallaron.

Es un sistema que no falló: se instaló muy bien

En realidad no falló. Es como los treinta mil desaparecidos: la dictadura fue un éxito. Mirá lo que está pasando ahora.

La historia de los tambores, por ejemplo. Hay un libro que cuenta que las primeras personas que tocaban los tambores eran mujeres. Eran brujas, yamanas. Y como eran brujas y tenían poderes, las mataron. Y en África, todo lo que es la parte de Arabia, la anécdota es que como las mujeres menstrúan y lo más importante es la fertilidad, la mujer que tocara el tambor iba a quedar infértil, porque esa sangre de la menstruación iba a mezclarse con el espíritu de esas brujas asesinadas, etc. Eso recorre la historia hasta hace muy poquito. En la época en que yo estudiaba percusión en EEUU mi profesor, que era un latino, me decía “no podés tocar la batá porque las mujeres no pueden tocar batá”, porque la religión no lo permite. Hay una historia en contra de lo femenino, que creo que tiene que ver con el poder de dar la vida, que tiene tantos años, que no se puede destruir tan rápido. Y menos en una sociedad tan hipócrita como esta, que por un lado te dice una cosa y a los cinco segundos te dice la otra, opuesta. Las chicas tienen un matete con un quilombo en la cabeza, no entienden si tienen que estar lindas, o depilarse o no depilarse, “pero si soy linda”, “tengo que ser sexy, pero a la vez no”, no entiendo. Mucha data. Está cambiando, de a poco, pero está cambiando. ¡Si te digo cómo era cuando yo era chica! Nada que ver.

Son entonces bienvenidos estos relatos como Las chicas están bien, que cuenta otras historias y también nos ayuda a verlas

Es que si las chicas no ven no piensan que pueden serlo. Si una chica no ve a una científica, si no ve a una jugadora de fútbol, si una chica no ve una guitarrista tocándose todo, no se imagina de chiquita “yo puedo hacer eso”. Mientras no se ve no se lo van a imaginar, entonces no va a haber. Y las chicas van a poder ver –las chicas y los varones. ¿Sabés de qué se trata todo? Lo que yo siempre digo cuando hago un show: a mí lo que más me importa, y lo que trato de transmitir, es que sea lo que sea que vos quieras ser de tu vida, lo hagas. Te comprometas con tu deseo. Y hacelo a fondo. A mí por ahí uno, a veces varones, me dicen cosas como “fui a tu show y quise tocar la batería, que era mi asignatura pendiente; tengo 40 años y siempre quise ser baterista, ahora voy a empezar a tomar clases”. Creo que eso es lo más importante, varón, mujer, lo que sea. Ahora para mí lo que es una novedad es lo no–binario. Yo que soy de otra generación, lo no–binario es mi novedad. Entonces: poder ser unx. Porque no hay nada más triste que estar adentro del placard. El placard que sea.

Comprometerse con unx es fundamental para ser feliz. Podés no tener plata, pero si encima de no tener plata, sos un infeliz porque no sos vos… (risas) Creo que lo único que puede hacerle la guerra a toda esta gente infeliz, porque en realidad es toda infeliz la gente que tiene poder, es gente que es feliz, que está comprometida con la esencia. Creo que el documental va a apuntar a eso, al poder de la mujer y al poder de los no vistos, eso es lo más importante.

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