No podéis legislar fuera de nosotras

Hoy se cumplen 130 años del nacimiento de Clara Campoamor, la española que logró el voto femenino para las mujeres de su país. Con un discurso tajante y poderoso, pidió a los legisladores varones que mirasen a su alrededor y considerasen el peso de las mujeres en la historia de España: ¿cómo podía considerarse republicana y democrática una sociedad que le negara la ciudadanía a la mitad de su población?

Por Edna/Melissa

Clara Campoamor nació el 12 de febrero de 1880 en el barrio madrileño de Malasaña, y no faltará aquel que señale: Campoamor en Malasaña, cuánta justicia poética. Empezó a trabajar a los trece años, fue costurera, taquígrafa, mecanógrafa, telefonista, funcionara de correos. En 1920 comenzó sus estudios de Bachiller y entró a la facultad de Derecho. Se licenció en 1924, con 36 años. Interesada en la política y en el cambio social, Clara Campoamor se involucró en la defensa y el impulso de los derechos de las mujeres. Se especializó en casos de paternidad y de matrimonio. En 1927 logró mejoras en la ley electoral y las leyes de trabajo infantil. En 1928 ayudó a fundar una asociación internacional de abogadas junto a otras mujeres de Francia, Alemania y Estonia. En 1931 se postuló para una banca en la Asamblea Constitucional. Era el advenimiento de la Segunda República Española, tras la dictadura de Primo de Rivera. Pero había una trampa: Clara Campoamor podía ser elegida, pero ella, mujer, no podía votar.

Su mayor legado, hoy, a 130 años de su nacimiento, es el voto femenino para España.

El primero de octubre de 1931, frente a una sala compuesta de 470 hombres y una sola mujer, Victoria Kent, Clara Campoamor defendió el derecho de las mujeres al sufragio.

(Caso insólito el de Victoria Kent: estaba a favor del voto femenino, pero en contra de que se le otorgase en ese momento histórico, puesto que las mujeres votarían como dijeran sus maridos o sus párrocos. Es decir: votarían en contra de la República. De hecho, tendría razón: frente a una derecha unida y a una izquierda fragmentada, las y los españoles se inclinarían en su mayoría por el frente conservador, esto en 1933, las primeras elecciones universales. Como consecuencia, tanto Clara como Victoria perderían sus escaños, y en las elecciones siguientes, en 1936, ningún partido de izquierda quiso aceptar a Clara entre sus filas, considerándola culpable de la derrota de 1933)

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El discurso de Clara Campoamor frente a estos cuatrocientos hombres y una mujer opositora es memorable. Decía Clara Campoamor: si el ser humano masculino es capaz y el ser humano femenino es incapaz, todas conclusiones fervorosas de la biología de mi época, entonces yo, que seré mujer nacida de una mujer, pero que también soy hija de un varón  –nadie podrá negármelo– entonces yo quiero ejercer mi “capacidad masculina” para el voto, señores, y ustedes no se hagan los desentendidos que también son producto de un hombre y de una mujer, también son un todo compuesto por dos partes, y por lo tanto “Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen de la mujer”.

No pueden ustedes, señores, decía Clara Campoamor, construir una República, una ciudadanía plena, si dejan afuera a la mitad de la población: “porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras”

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¿Acaso no fueron las mujeres, señores, las que dieron señales de vida por la República al oponerse al derramamiento de sangre en Cuba, en Marruecos?, preguntaba Clara Campoamor, ¿acaso no es también a las mujeres, señores, a quienes también afecta esta legislación que se elabora aquí para ambos sexos, pero dirigida y matizada solamente por uno?

“¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?”

Clara Campoamor debió exiliarse al estallar la Guerra Civil. En Paris escribió La revolución española vista por una republicana (1937). Luego vivió una década en Buenos Aires. Se dedicó a las traducciones y a las biografías: El pensamiento vivo de Concepción Arenal (1943), Sor Juana Inés de la Cruz (1944), Vida y obra de Quevedo (1945). También en Buenos Aires se publicó su relato sobre la lucha por el sufragio universal: El voto femenino y yo: mi pecado mortal (1935-1939).

En 1959, Clara Campoamor dijo: “Creo que lo único que ha quedado de la República fue lo que hice yo: el voto femenino”.

Clara Campoamor murió en Suiza, en 1972, apenas unos años antes de la muerte de Franco y de la reinstauración de la democracia en su país. Tras una larga dictadura, volvían los comicios. Votaron hombres y mujeres.

Las herederas de Clara Campoamor.

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