The Keepers: todo el dolor que cabe en el silencio

En la era en que caen las caretas y las mujeres hablan, una serie documental de Netflix nos recuerda la fuerza de las palabras de los y las supervivientes, de su valentía de hablar públicamente y de exigir justicia. Pero los pactos de abuso –pactos de silencio– que se establecen en instituciones y comunidades enteras son estructuras difíciles de derrumbar.

 Por La Novata/Verónica y Edna/Melissa

En uno de sus últimos Enojate, hermana, Malena Pichot nos recuerda uno de los principales motivos por los cuales las víctimas de abuso y acoso sexual no realizan una denuncia inmediata, y mucho menos pública, de lo que han sufrido: la impunidad de sus abusadores. “Las mujeres no descubren ahora que fueron abusadas, descubren ahora que pueden hablar de eso sin que las condenen”, dice Malena. Muchos de los abusadores y acosadores, mediáticos o no, se escudan con el paso del tiempo, con la desmemoria o la memoria selectiva, con la aparente inocencia de no saber lo que estaban haciendo cuando lo hacían: “los hombres que hicieron esas cosas en el pasado no están sorprendidos de que estaban incomodando a esas mujeres”, sigue Malena, “esas basuras están sorprendidos de vivir en una época en la que las mujeres pueden hablar”.

Ahora, ¿qué pasa cuando los abusos son sistemáticos, los abusadores forman parte de una red mayor de pedófilos, pederastas y violadores y están todos protegidos por una de las instituciones más poderosas de la historia de la humanidad? ¿Qué pasa cuando el abuso sufrido es tan aterrador que es nuestra propia mente la que lo anula de nuestros recuerdos, empujando la experiencia vivida al fondo de nuestra memoria? Esta es la historia que cuenta la serie de Netflix The Keepers, un documental en siete episodios que sigue la búsqueda de justicia de dos mujeres norteamericanas en el seno de la comunidad católica de la ciudad de Baltimore, Maryland.

En 1969, la monja Cathy Cesnik, profesora en una secundaria católica, exclusiva para mujeres, desaparece sin motivo aparente. Su cuerpo es encontrado casi dos meses después, semidesnudo entre los pastizales y la nieve. Casi cincuenta años más tarde, dos de sus alumnas de entonces, hoy jubiladas, no la han olvidado. De la mano de una página de Facebook, mucha paciencia y una honda necesidad de hallar justicia para Cathy, se lanzan a investigar las circunstancias de su muerte. Es en el segundo capítulo de la serie en que abren la puerta al infierno.

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Cathy Cesnik tenía 26 años

Días antes de aparecer asesinada, Cathy había descubierto el secreto de la escuela en la que trabajaba. ¿Qué era lo que ocurría con las chicas “pecaminosas” en la oficina del director? ¿En la oficina del reverendo Joseph A. Maskell, hijo de inmigrantes irlandeses, fervoroso cristiano, psicólogo, los ojos claros filosos detrás de sus anteojos de marco grueso? ¿Con las alumnas de 14, 15, 16 años? ¿Con las alumnas que, al igual que sus familias y el resto de la comunidad, veían en los párrocos a Dios en persona? ¿Con las alumnas que, en búsqueda de apoyo y consuelo, le relataban a los curas los abusos sexuales sufridos por tíos, primos, amigos del hermano?

El testimonio central de The Keepers es el de Jean Hargadon Wehner, ex alumna del Colegio Keough, criada en una familia de once hermanos y hermanas e hija de devotos padres católicos. Tras terminar la secundaria, Jean se casa, tiene hijos, va los domingos a misa. En la década de 1990, lo recuerda todo. Escuchar su testimonio sobre los abusos sexuales, físicos y psicológicos sufridos hace mal al corazón. Reprimidos en su interior, los recuerdos afloran, fluyen y desbordan. Ella había mandado a sus propios hijos a la iglesia, había participado activamente de las actividades de su parroquia. ¿Valía creer en su palabra? ¿Por qué tanto tiempo después, veinte años? Al horror del abuso había que sumar, ahora, el descreimiento, la crítica, la injuria.

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Las ex alumnas de Cathy, empeñadas en buscar justicia para su profesora

“Keeper” es, en inglés, alguien que protege, que salvaguarda. Es, también, alguien que guarda algo, que lo conserva. Ryan White, director del documental, explicó que el título “apareció mientras filmábamos: una de las sobrevivientes de abuso usó esa expresión: somos las guardianas, somos the keepers“. “Era un término que resonaba con mucho simbolismo en esta historia, especialmente por los secretos, el dolor y la vergüenza con la que las víctimas fueron forzadas a vivir su día a día”, dijo White, “y mucho de esta historia también es sobre guardianes, sobre gente que tiene información y conocimiento de lo que sucedió y sobre si están dispuestos a hacer lo correcto y hacer pública esta información”.

Joseph Maskwell, el cura pedófilo y abusador, fue acusado por decenas de sus víctimas en la década del 90. La Iglesia lo desafectó de Baltimore y lo reubicó en Irlanda, donde ejerció como psicólogo familiar. Sí, psicólogo familiar. También continuó trabajando como sacerdote, aún teniéndolo prohibido. La Archidiócesis de Baltimore todavía no ha hecho públicos los archivos de esos casos (pero sí ha reconocido haber pagado una suma de 472 mil dólares a 16 víctimas de Maskwell) ya que “contienen información confidencial como ser los nombres de las víctimas, fichas personales y de salud y comunicaciones protegidas por los privilegios entre un abogado y su cliente”

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El encubrimiento eclesiástico que muestra The Keepers encuentra su eco en Spotlight, película ganadora del Oscar en 2016, cuya trama recrea una investigación periodística del Boston Globe sobre abusos en la Iglesia. Boston, al igual que Baltimore, es una ciudad prominentemente católica en un país de mayoría protestante. En una escena de la película, un abogado dice de la Iglesia Católica que “piensa en siglos”, haciendo poco caso a las demandas de su época. La magnitud y la escala de los abusos, del conocimiento de los hechos y de su sostenido encubrimiento es, también, un síntoma de poder.

–Si es necesario todo un pueblo para criar a un niño/a, es necesario todo un pueblo para abusar de él/ella– sentencia.

The Keepers está disponible en Netflix, quien también produjo la serie. Son siete capítulos. La recomendamos.

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