“Algo que nos daría una mayor igualdad de oportunidades es extender la licencia por paternidad” – Entrevista a Valeria Edelsztein sobre mujeres en la ciencia

Por el equipo de radio Juana Sostén / Entrevista realizada el 6 de diciembre de 2016

Valeria Edelsztein es Química, Doctora en Química (UBA), investigadora del CONICET, científica y autora de los libros Los remedios de la abuela  y Científicas: cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera), publicados por Siglo XXI editores.

Contanos, ¿qué es lo que te llevó a estudiar Química, pensando que ese mundo está poblado de nombres de varones científicos y no tanto de mujeres científicas?

Es interesante porque, por lo menos en mi caso, yo no fui de esas personas que desde chiquitas saben lo que quieren hacer y después efectivamente lo siguen. Yo de chiquita decía que iba a ser “pollera”, que iba a cortar pollo y venderlo. Mi gusto por la química se despertó recién en tercer año, gracias a una profesora que tuve en el colegio secundario, Ana, que me empezó a mostrar un poco la maravilla que podía ser entender un poquito cómo funcionaba el mundo. Yo estaba en un colegio técnico, así que en los últimos tres años teníamos especializaciones, una de ellas era química. Yo me decidí por la química un poco porque me despertó la curiosidad Ana, otro poco porque me parecía algo fascinante; no tenía mucha idea si estaba catalogada como una carrera de varones o de mujeres o qué era lo que pasaba ahí. Tampoco estaba muy metida en ese tema. Empecé con la especialización y me di cuenta de que era algo que realmente me gustaba mucho y después decidí seguirlo en la Facultad.

De hecho, en la Facultad éramos más mujeres que varones. En general, Química es una carrera con muchas mujeres, Biología también, no así en física o matemática. Ni que hablar de las ingenierías. En Química hay un poco más de mujeres, no es una mayoría abrumadora, pero hay un poco más. Y la verdad es que es interesante. Recién después, cuando empecé a investigar la presencia de las mujeres en la ciencia, me empezó a picar el bichito de decir “Uy, ¿qué necesitamos para tener más igualdad de oportunidades? ¿qué necesitamos para que más mujeres elijan carreras relacionadas con la tecnología?”

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Que haya una gran cantidad de mujeres que eligen estudiar Química, ¿se corresponde después con la cantidad de mujeres que realizan investigaciones, que publican papers, o bien con la presencia de mujeres en las distintas instituciones científicas? ¿Cómo es el acceso a los cargos más jerárquicos?

Con respecto a los cargos más jerárquicos, lo que hay es una masculinización. Si uno/a mira por ejemplo la cantidad de investigadores en carrera dentro del CONICET, lo que ve es que en los cargos más bajos –investigadores asistentes, adjuntos– hay mayoría de mujeres. Poquita: es más o menos uno a uno pero con una leve mayoría de mujeres. Pero a medida que uno/a va avanzando y empieza a entrar en las jerarquías más altas, es complicado[1]. La mayoría de varones es realmente abrumadora. Los últimos datos corresponden a 2007, pero la realidad es que no ha cambiado mucho el panorama. La discriminación por género es muy fácil de ver. Lo que te lleva a pensar por qué ocurren esas cosas: ¿cuál es la razón por la cual hay menos mujeres en las categorías más altas si al principio estamos uno a uno? No sé si hay una respuesta para esto, yo tengo mis “teorías”, mis opiniones: creo que está muy relacionado con la maternidad.

Va muy de la mano: si bien obviamente hay investigadoras en cargos altos que tienen hijxs, familia, no son la mayoría. Y también hablo por lo que fue mi experiencia. Yo, antes de ser mamá, cuando hice el Doctorado, cuando empecé el Post–Doctorado, entraba al laboratorio a las 7 de la mañana porque me encantaba trabajar bien temprano, y había veces en que me quedaba hasta las 10 de la noche, ¡y no pasaba nada! Trabajaba en un experimento y si el experimento se extendía, no había problema; tenía que ir un sábado a ver cómo estaba la reacción y todo bien. No tenía ninguna otra responsabilidad como era hacer el doctorado, terminar los experimentos.

Cuando estaba haciendo el Post–Doctorado quedé embarazada de mi primer hijo, y cambió todo. Tuve un embarazo bastante complicado, pero más allá de eso, después del nacimiento las cosas cambiaron completamente, yo ya no podía ir a las 7 de la mañana, no podía disponer tan libremente de ese tiempo, ya que amamantaba; hay un componente no solo de salud en el hecho de amamantar, sino también un sentido emocional. Yo tuve la enorme suerte de que la Facultad de Ciencias Exactas y  Naturales tuviera un jardín maternal que a mí me permitió que al terminar mi licencia por maternidad, dos meses después de que naciera mi hijo (me había tomado 30 días antes de su nacimiento), yo pudiera contar con ese jardín maternal: bajaba cada dos horas a amantarlo: yo estaba en el tercer piso y el jardín en planta baja. Pero la gran mayoría de las mujeres no pueden hacer eso. La maternidad es un tema porque obviamente te restringe los horarios: yo aprendí a ser más efectiva; en menos tiempo tenía que hacer lo mismo que antes. Es una limitación. Todavía está muy presente esta idea de que “bueno, pero si alguien te ayuda”, o “si tu marido te ayuda”: no es una cuestión de ayuda. Es algo compartido. Pero, ¿qué se puede compartir si el padre tiene sólo dos días de licencia por paternidad?

Claro, si el padre no tiene esa facilidad…

¡Claro! Es un problema. Y eso explica por qué las mujeres no están en puestos más altos o por qué es una pregunta habitual en las entrevistas de trabajo, “¿estás embarazada, pensás tener hijos?” Eso no debería importarle a alguien que va a tomarte para un trabajo, debería importarle si estás capacitada o no. Pero se pregunta porque después el empleador lo ve efectivamente como un perjuicio el que una persona quede embarazada y que se tome una licencia por maternidad y demás, por más que no lo pague el empleador, es un tiempo en que tiene que tomar a otra persona. Son un montón de cosas que pasan con las mujeres, porque los varones, volvemos a lo mismo, tienen dos días de licencia por paternidad y eso es un problema. Yo creo que algo que nos daría una mayor igualdad de oportunidades es extender la licencia por paternidad. Que sea obligatoria: tengamos una licencia por paternidad extendida. Que el varón tenga que tomarse esa licencia por paternidad, que pueda compartir esa primera crianza, que pueda estar con el hijo, la hija. Es una parte sumamente importante a nivel personal y va a hacer que ya no sea un problema emplear a una mujer.

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Jocelyn Bell

Es también algo que beneficia expresamente a los varones, que se están perdiendo un montón de momentos en la vida de sus hijos/as por no contar con esa garantía por parte de la ley. Volviendo a lo que mencionabas antes, a esta investigación que empezaste a hacer sobre las mujeres científicas, vos publicaste Científicas: cocinan, limpian y ganan el premio Nobel y nadie se entera, un libro que ganó el primer premio del concurso internacional “Ciencia que ladra”, organizado por La Nación y Editorial Siglo XXI. ¿De qué va Científicas…? ¿Cómo fue esa investigación?

Lo interesante es que la idea de escribir el libro empezó como una continuación del primer libro que escribí, Remedios de la abuela, que de lo que trata es de cómo llega un remedio de la naturaleza a la farmacia y qué pasa en el camino, y como una continuación de ese libro empecé a escribir pensando Bueno, sería interesante hacer un breve racconto de la historia de la mujer en la ciencia como para después conectarlo con esto de las sabiduría ancestral de las abuelas y llevarlo a ese lugar. Cuando empecé a indagar –yo pensaba contarlo en un primer capitulito de 5 páginas, 6 páginas, no era mucho lo que quería hacer., porque tampoco me lo imaginaba–, empecé a leer y a contar historias y más historias y descubrimientos fascinantes que han hecho mujeres y de los que yo ni siquiera sabía, qué era lo que pasaba en Europa, qué era lo que pasaba en Medio Oriente, qué era lo que pasaba en América cuando ya hubo un avance mayor de la ciencia. Y entonces la historia de la mujer en la ciencia era mucho más que tres paginitas. La verdad es que me parecía fascinante y ameritaba escribirlo más extensamente.

Como no sabía si iba a salir algo, así, canchero, que a la editorial le pareciese una gran idea, se me ocurrió que era una buena oportunidad participar en el concurso “Ciencia que ladra”. Yo ya tenía un libro escrito pero a este proyecto lo presenté anónimamente, nunca nadie supo que yo había escrito Científicas hasta el momento en que salió el sobre, así que en realidad lo escribí medio a ciegas, porque uno/a cuando escribe un libro tiene un editor que le va indicando un camino, pero esto fue así, escrito con la intuición de este camino por andar. La verdad es que funcionó bien. La edición no cambió mucho porque el libro era bastante consistente. Para mí fue un gran descubrimiento y poder compartirlo y poder tener a mano datos e historias que uno/a no se imagina tienen por protagonistas a una mujer fue espectacular, la primera semillita para después poder germinar un poco más la relación de la ciencia con las mujeres.

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Rosalind Franklin

Además llevás adelante una página de Facebook, Ciencia para contar, en la que llevás la ciencia a lo cotidiano, al fácil acceso, haciendo especialmente uso del recurso del humor

Claro, porque una de las cosas que suele pasar es que se asocia la ciencia con lo solemne. Algo alejado, algo que es muy difícil. Algo serio. La idea es desmitificar, sacar ese estereotipo; hablar desde un lugar mucho más cotidiano y, además, empleando recursos como el humor, que ayudan muchísimo a que haya contenidos que se puedan tratar. También tratar de apelar a lo actual, si hay un tema que está muy de moda está buenísimo poder tratar un contenido relacionado con el tema. Aprovechar un montón de recursos que tenemos hoy que antes no había, como las redes sociales. Y, dentro de las redes sociales, la posibilidad de tener videítos, de tener gifs, de armar imágenes, lo que fuere. Eso siempre ayuda a que sea más “viralizable” y llegue a más gente. A mí me divierte; ahora estoy tratando de unificarlo un poco, la verdad es que tengo mucho trabajo, pero obviamente el público de Twitter –tengo una cuenta en Twitter, también– es muy distinto, se comunica de manera muy distinta al público en Facebook. Entonces hay que tener mucho cuidado; hay chistes que no van a tener la misma repercusión en un lugar que en el otro. Como buen/a investigador/a tengo incorporada esa idea (risas): medir qué es lo que pasa cuando uno publica contenido. Yo la verdad es que aprendí un montón de los grandes maestros de la comunicación de la ciencia. De los grandes de afuera –como Carl Sagan– y de los grandes de acá, como Paenza, Golombek. Yo tuve la suerte de poder trabajar con ellos y aprender un montón. Faltan mujeres en comunicación de la ciencia. Es un nicho que está a la espera, somos muy poquitas.

Habría que hacer un casting. Condiciones: ser científicas y querer comunicar lo que hacen.

He conocido algunas comunicadoras de la ciencia que viven en el exterior y pasa lo mismo: son poquitas. Hay que animarse. No es fácil estar expuesto/a, en especial a las críticas. Muchas [críticas] son buenísimas, siempre está bueno aprender y cambiar, y otras a veces son un poco destructivas, pero no importa, hay que aprender a sobreponerse y seguir adelante porque se supone que estamos convencidxs de lo que estamos queriendo contar. La importancia de la ciencia como una manera de adquirir la capacidad de mirar el mundo críticamente, de tomar decisiones informadas y con un sano escepticismo, con una mirada que nos permita elegir basándonos en evidencia y decidir qué vamos a hacer en base a información confiable, ese en verdad es el objetivo de la comunicación de la ciencia.

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Hedy Lamarr

En las primeras páginas de Científicas proponés un juego sencillo que consiste en 1) tomar lápiz y papel, 2) escribir todos los nombres de mujeres científicas que conozcamos 3) tachar el de Marie Curie, y vos sugerís que probablemente queden, en el mejor de los casos, 2 nombres, más bien uno, probablemente ninguno. A todo esto nosotras, las Juana Sostén, queríamos decirte que ya incluimos el tuyo al lado del de Marie Curie tachado.

Bueno, muchas gracias (risas), pero yo les puedo tirar un par de nombres más para que investiguen sobre la vida de un montón de mujeres que hicieron un montón de cosas para que hoy incluso podamos disfrutar de la comunicación o de conectarnos a internet. Una persona que pueden buscar es Hedy Lamarr, quien fue una actriz de Hollywood e ingeniera en telecomunicaciones y una de las responsables de que hoy tengamos WiFi y YouTube, por ejemplo. Si la buscan van a ver que, además, era una bellísima mujer. La historia de Hedy es realmente de película. Hizo películas con Clark Gable, se escapó de la casa donde la tenía apresada el marido (la habían obligado a casarse) y fue la primera en hacer un desnudo en cine, en el año 1933. Es una historia increíble. Además es la responsable de que tengamos WiFi.

Otra de las historias espectaculares y que por ahí sea más conocida (y está buenísimo que lo sea cada vez más) es la historia de Rosalind Franklin y su aporte al estudio de la estructura del ADN, ella fue olvidada de la historia, y en sintonía con ella hay otra mujer que también fue muy olvidada quien es Jocelyn Bell, que todavía está viva, quien fue quien descubrió los púlsares, que son las estrellas de neutrones que emiten persistentemente distintas frecuencias: el Nobel se lo ganó su jefe. Ella hoy dice que está feliz de que lo haya ganado él porque no haber ganado le permitió a ella viajar y ganar otros premios que nunca se los hubieran dado, pensando que eran poca cosa al lado del Nobel. Así que se lo toma con humor.

Y lo cierto es que hay muchas más. Pueden también aparecer con los típicos rótulos de “la hija de”, “la hermana de”…

Pero busquemos, que hay más.

[1] Lo mismo ocurre, según nos contó Mercedes D’Alessandro, en el ámbito empresarial: “Si uno mira la parte de abajo, la base de la pirámide, es decir la masa de los trabajadores, la verdad es que son casi mitad y mitad: hay 48% de mujeres versus 52% de varones, quiere decir que no es que no haya mujeres, sino que las mujeres se van cayendo en la escala jerárquica de una organización”

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