“La integralidad propuesta por la Ley habla de tratar los temas en un sentido biológico como emocional y que no sea en un único espacio: que sea una perspectiva” – Entrevista a Vanina Vissani sobre la ESI

Por el equipo de radio Juana Sostén – Entrevista realizada el 29 de noviembre de 2016

Vanina Vissani es licenciada en Comunicación Social, doctoranda, y analiza –estudia– la ley de Educación Sexual Integral (ESI). Si bien tiene “un pantallazo de todo lo que la ley implica”, trabaja su contenido exclusivamente en el nivel secundario. Juana Sostén dialogó con ella en los estudios de Radio Futura sobre la importancia de esta ley, sus implicancias y sus alcances y por qué es vital para una educación emancipadora.

¿Qué es la ley de educación sexual integral?

Lo más importante es decir que esta ley es del 2006. Es decir que estamos hablando de una ley que tiene diez años y prácticamente la mencionamos como noticia. La ley lo que dice es que en todos los niveles escolares, desde el nivel inicial hasta la formación docente, los niños/as, adolescentes y adultos tienen el derecho a recibir educación sexual integral, los adultos docentes de dictarla y el Estado de garantizarla. La ley 26150 lo que viene a ser es un gran paragüas, pero sobre todo es el aval del Estado. Recién en el 2008 se crearon (con el aval del Consejo Federal de Educación) lo que son los lineamientos curriculares, que dan una idea de lo que se debería contemplar.

Lo que sería el programa de la ley

El programa de ESI, sí. Da los lineamientos curriculares para los diferentes niveles. Contempla, por ejemplo, empezar a cuestionar, en nivel inicial, cuáles son los cuentos que se le están contando a los chicos, hay algunos más obvios como “Caperucita Roja” o como cantar el “Arroz con leche”, pero también hay cosas más sutiles como por ejemplo cuestionar valores como el de guardar un secreto: ¿qué implica eso? ¿Qué implica guardar un secreto cuando alguien está incómodo, cuando a alguien no le gusta? Puede implicar que le estés enseñando a un niño/a que no tiene que avisar si está siendo abusado. Poner en cuestión desde esos detalles hasta cuestiones más específicas de la educación primaria. La propuesta es que sea transversal. Que no sea en una materia, que no sea en un espacio curricular. Que se tenga en cuenta en todos los detalles, como no armar una fila de nenes y de nenas, que hay personas que pueden no sentirse cómodas en esta situación. Que no haya una lista –estas listas existen– donde estén primeros unos y después otras.

Sí, eso es increíble. Ahora que lo pensamos, nosotras, de chicas, también hacíamos las filas de nenas y nenes.

Sí, se siguen haciendo. Y los chicos mismos, fuera de la escuela. Por eso es importante que sea en la escuela que se traten estos temas, porque es el lugar en que se garantiza –en que el Estado puede garantizarse– llegar a la mayor cantidad de chicos y chicas.

Además la ley alcanza tanto a las escuelas laicas como a las confesionales. Públicas y privadas.

En todas. En nuestro país la educación es pública, es la gestión la que puede ser privada o estatal. Todas estas leyes de educación tienen que ir a todas las escuelas.

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¿Cómo llegaste vos a este tema?

Bueno, fue la unión de diferentes intereses. Soy profesora en comunicación social, trabajo en secundaria, me interesan las cuestiones de género y me interesé por el tema en un marco de varias políticas públicas que estaban poniendo en cuestión distintas problemáticas de género, algo que se dio en el marco de otras leyes, como las de Matrimonio Igualitario, de Identidad de Género y también de las luchas sociales: hace años que hay organizaciones que vienen pidiendo este tipo de espacios. Y lo que quería agregar, que no llegué a mencionar la escuela secundaria, es que la idea es que en ese nivel los contenidos ya sean más específicos. Lo que yo pude ver en el trabajo de campo es que a la secundaria se llega sin todos estos cuestionamientos previos y es el momento en donde empiezan a ser visibles un montón de cuestiones biológicas: por ejemplo, una chica queda embarazada. Entonces se está empezando recién a los 16 años con estas cuestiones y son abordadas por profesorxs de biología, de ciencias naturales.

Claro, y se reducen estos temas a una perspectiva biologicista

Totalmente. Por eso hablamos de integralidad, de romper esto y de aunarlo a la concepción de salud, que no solamente alude al cuerpo biológico. Siempre que se piensa en este tipo de espacios en las escuelas se mira al/a la profesor/a de biología, como si estuviese obligado/a o como si fuera él o la única que puede hablar de estos temas. Además le quita todas las otras dimensiones, como si hablar de sexo fuese solo una dimensión biológica. Aprenderse únicamente el ciclo menstrual, por tomar un ejemplo, implica dejar a un lado la carga social y valorativa y los discursos sociales en torno a la sexualidad.

Se sigue legitimando por ejemplo que el varón tiene un rol más activo –es a él a quien se le enseña a poner el preservativo–, que la mujer es la que tiene que cuidarse para no quedar embarazada. La mujer sigue siendo el sujeto del deseo. Entonces es importante que sea integral y también porque la perspectiva biomédica –lo que llamamos biologicismo– crea la sexualidad con un sentido de peligrosidad. Los temas que hay que hablar son enfermedades de transimisón sexual o prevención de un embarazo no deseado, todas cuestiones que transforman a la sexualidad en algo negativo. Entonces para los chicos y chicas va a ser más interesante hablarlo por fuera de esos espacios.

Además se genera miedo

Se construye la peligrosidad. No es esa la realidad en las experiencias. Entonces la integralidad también apunta a eso: que ellxs puedan poner sus emociones, sus experiencias personales a jugar. En un espacio como la escuela, lugar en que comparten una enorme cantidad de horas con las mismas personas. No pasa ni con sus familias.

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Sobre todo es interesante pensar en cómo se dan las dos situaciones: el profesor que te dice que todo lo que se vincula a la sexualidad está mal, pero en el aula puede haber pibas embarazadas, pibes que son papás. Muchas veces en las escuelas se dan esas dos situaciones.

Sí, hay que empezar por hacer un ejercicio de trabajar los propios prejuicios de los docentes. Ahí es donde está el Estado garantizando las capacitaciones, los espacios. Yo que trabajo en secundaria lo que me encuentro es que lxs profesorxs están en un mismo día en tres escuelas, entonces no tienen tiempo de involucrarse, de estar al tanto. Una de las cosas que me dijeron en una de las entrevistas que realicé, por ejemplo, es “Me enteré que estaba embarazada porque empezó a faltar, ya estaba por parir”, “Se tapaba con un buzo y no me di cuenta”. Hay muchos aspectos de la educación que habría que revisar: ¿qué pasa con el docente de secundaria, que no es ni la maestra –con todo esa carga de “segunda mamá” que tiene– ni el profesor de universidad, que es el/la “experto/a”? El docente de secundaria queda muchas veces en el medio, como un “docente taxi” que va y viene, que no puede involucrarse mucho en esos espacios. Por eso es importante que el Estado pueda garantizarlos. La integralidad propuesta por la ley habla no sólo de tratar los temas tanto en un sentido biológico como emocional, sentimental, sino también de que no sea en un único espacio, en una sola hora, en que se traten estos temas: que sea una perspectiva. Algo a tener en cuenta en todo momento, en la escuela.

Y que no por estar en el horario de matemática no se puede hablar del tema

Totalmente. Además hay una realidad que es que se habla. Se habla, lo que pasa es que no se le pone el nombre y eso “limpia”. Pero los chicos te están todo el tiempo contando con quién salen, qué hicieron. Eso pasa. Entonces es importante saber que uno/a está avalado/a como adulto/a para tratar esos temas. Para poder dedicarles tiempo, que no importa que te corra el diseño curricular, porque esto es tan importante como todo lo demás.

¿Estamos todos de acuerdo con la ESI? ¿Existen resistencias?

Hay resistencias. Sobre todo ancladas a los miedos. Los miedos que puede generar esto. Miedo en los docentes porque están las resistencias en las familias, por ejemplo. Lo que he visto en las escuelas es que se trata de usar siempre materiales que tengan el logo del Ministerio de Educación porque eso ya te previene. Ha habido casos de profesores que han llevado historietas que incomodaron y se les armó un problema. Son antecedentes que generan miedo. Por eso la importancia de que se creen materiales. A veces esos materiales pasan por fuera de la escuela y hay docentes que se animan a utilizarlos (y docentes que no).

Otras resistencias se generan por creer que uno/a como docente no sabe cómo dar estos temas en la escuela. Y cuando no se sabe, en todo caso, se debería recurrir a la pregunta. Exponer las diferentes posibilidades. No enseñar verdades. Como debería pasar con toda la educación, con todos los saberes.

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Uno de los videos difundidos en Canal Encuentro, relatados por Gastón Pauls, muestra una clase en un jardín de infantes de Río Gallegos, en Santa Cruz, en donde la maestra les señala a los chicos y chicas que sólo ellos pueden tocarse su propio cuerpo cuando van al baño, por ejemplo, y que tienen derecho a la intimidad. Los chicos y chicas tienen 5 años y ya están trabajando con sus docentes la idea de consentimiento.

Claro: hoy estábamos hablando también de la importancia de que haya una perspectiva de género, de que se cuestionen los mandatos sociales, lo establecido, lo cultural.

Sobre todo para derribar algunos estereotipos. Siempre que hablamos de violencia hacia la mujer o de femicidio aparecen muchos reclamos, entre ellos la educación. Estos estereotipos de género que se construyen desde que somos bebés también sostienen que, a la larga, terminen existiendo estos casos de violencia.

Siempre estamos todxs de acuerdo con que estos cambios empiezan por la educación. A mí me gusta retrucarlo un poquito más, porque también se está convirtiendo en una zona de confort, ¿no? ¿Quién no va a estar de acuerdo en que no hay que matar a las mujeres? Tampoco está bueno que un docente prepare un proyecto sobre femicidio en una escuela y no salga de ahí. Es una zona de confort. También hay cosas discutibles de la ley. Por ejemplo si bien en los materiales siempre se habla de diversidad e inclusión, en las fotos siempre hay una nena y un nene. Hay que empezar a pensar en otras sexualidades, otros géneros. Si pensamos que recién a diez años de la sanción de la ley se están empezando a crear materiales que aborden esos temas –es lento.

La ley es  previa a la sanción de la ley de Identidad de Género y a la ley de Matrimonio Igualitario, pero también posterior al programa de Salud Sexual y Procreación Responsable. Todo está en el marco de los Derechos Humanos. Por eso hay que pensar siempre un poquito más. No quedarnos con esas zonas que son interesantes y de las que por supuesto hay que hablar pero a las que se llega a un consenso rápido, no pensar que hasta acá cumplimos. Lo importante es poder enfrentar los miedos, poder desarrollar la crítica en los chicos.

Sobre todo a partir del #NiUnaMenos: muchos docentes preparan proyectos, afiches, láminas con los chicos y chicas y quizás esas láminas están buenas, pero a su vez reproducen estereotipos de género que generan desigualdad en el aula y que no se problematizan. Los y las adolescentes ya vienen con una construcción social sobre estos temas y que sean jóvenes no implica que hayan hecho una crítica o deconstrucción sobre el género y la sexualidad.

Te doy un ejemplo: en un colegio un grupo había trabajado muy bien todo este tema pero su producto comunicacional final fue “puede ser tu hermana, puede ser tu mamá, puede ser tu abuela”: la propiedad. No, no es porque “puede ser tu algo”, es porque es un ser humano.

Es cuestión de siempre estar preguntando, criticando, repensando: el discurso mediático, religioso, llega a la escuela. Está presente. No hay que aflojar porque ganan.

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¿Qué implica pensar perspectiva de género en la educación?

El Ministerio de Educación estableció una serie de palabras claves para que se tuvieran en cuenta en el abordaje de la educación sexual integral: problematizar, desnaturalizar y visibilizar. Problematizar las realidades institucionales que sostienen el sistema de relaciones asimétricas entre mujeres y varones, lo que implica hablar del patriarcado, del machismo, del sexismo. Desnaturalizar las prácticas históricas y socialmente establecidas que vuelven naturales las interacciones sociales cotidianas, como decir “que lea el varón, que tiene voz más fuerte” o “pedile una hoja a una compañera, que seguro es más prolija. Y nosotras, que somos mujeres, ¡sabemos que es mentira! (risas).

Las desprolijas quedamos entonces aisladas de la sociedad

Es esto de lo performativo del lenguaje, algo de lo que habla Judith Butler. A una la constituyen como mujer entonces empieza a tener la “performance” de mujer, y a repetir ciertos actos que debería cumplir para ser mujer. Entonces el lenguaje, el sólo nombrarlo –que te digan alumna o alumno– te vuelve de un modo. Uno/a se esfuerza en cumplir con eso. Lo mismo que pasa con “el chico 7”, “el chico 10”.

También te hace pensar que no es lo mismo fracasar (en la escuela) siendo mujer que siendo varón. Muchas veces es “canchero” el pibe que se llevaba 20 materias y en cambio si se trata de una mujer es considerada medio tonta, a fin de cuentas tenía todo para ser la más inteligente: la lapicera, la carpeta, la prolijidad. Volviendo a las palabras claves, ¿qué implica la idea de visibilizar?

La última entonces sería visibilizar las desigualdades sociales y fomentar igualdad en el trato y de oportunidades entre varones y mujeres que nos permitan avanzar hacia la construcción de identidades sexuales diversas y a la equidad de género.

Esto es una base para incluir todas las posibilidades. Por eso hablamos de sexo/género y no de género y sexo por separados. Es todo un sistema. Una se constituye como mujer y no necesariamente es femenina. Alguien puede autopercibirse varón y no necesariamente ser masculino. Y todas las posibilidades que hay dentro.

En estas cuestiones, cuando se plantean en las escuelas, cuando surge alguna situación que permite desnaturalizar alguna práctica, ¿cómo es la reacción del pibe de secundaria?

Es tan variada como lo son las personalidades y las historias personales. Algo que es muy importante y que lo vi mucho es que hay mucho respeto, que hay una idea de respetar al diferente, de integrarlo, pero siempre considerándolo otro. Por ejemplo, si yo tengo una amiga lesbiana y digo que para mí “está todo bien”. O decir “todos tenemos un amigo gay”. Pero siempre es un otro. Escuché muchas veces la frase “Y, si es un familiar, no te queda otra”, la idea de que “hay que aceptarlo”. Es el problema de cuando la integralidad se traduce en solamente incluir el derecho: la idea de que porque hay una ley o porque como son Derechos Humanos hay que respetarlos. No alcanza con eso. También tiene que ser una posibilidad para todos y todas y todes.

Algo así como el discurso de la tolerancia: “hay que tolerar”. Tolerar no es integrar, no es incluir. Muchas veces implica decir que hay que bancarse la diferencia como si esa diferencia fuera una molestia “aceptable”. Es un concepto muchas veces forzado.

Tampoco alcanza el respeto, que realmente uno sienta en el cuerpo el respeto, también que sea una posibilidad. Porque si no termina siendo “lo otro”, como si uno estuviera “adentro” y todo lo demás “afuera”, que es un poco lo que ocurre con algunos materiales educativos que se han creado, que siguen siendo heteronormativos.

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Y en relación a los materiales que circulan desde el Ministerio de Educación, ¿qué hay?

De todo, por suerte. Tanto del Ministerio como de organizaciones sociales y de otras agrupaciones que han trabajado o trabajan incluso desde hace muchísimos más años que el Ministerio. Hay variedad. Hay diferentes lenguajes, hay videos, lecturas, de todo.

¿Algo más que te gustaría agregar con respecto a la ESI?

Valorar que se hable en la radio. Si el programa fuese educativo sería un tema ineludible, pero que sea tratado por un programa feminista también tiene sentido. Y seguir legitimando a la escuela como espacio para esto. Hace poco leí un texto de Valeria Manzano que decía que Charly García y Nito Mestre formaron Sui Generis y que se habían conocido en el Liceo Militar, y aún así ellos fueron en los años 60 una fuente de cuestionamientos: los muchachos de pelo largo, pusieron en peligro la masculinidad. Y se conocieron en el Liceo Militar. Siempre es fácil pegarle a la escuela, al docente, al pibe. Sobre todo desde lo mediático. Pero las escuelas siguen siendo el lugar privilegiado de encuentro y para que pasen todas estas cosas. Y, sobre todo, la capacidad de agencia de los chicos. Más allá de lo que el dispositivo escolar diga, siempre que se encuentran los jóvenes, pasan estas cosas.

 

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