“Si no lo nombramos nosotras no lo nombra nadie: las mujeres en el mundo y en la Argentina hicimos una revolución” – Entrevista a Luciana Peker

Por el equipo de Radio Juana Sostén

Luciana Peker es periodista. Trabaja en Las12 –el suplemento feminista de Página/12–, Revista Anfibia y en Radio Nacional. Juana Sostén conversó con ella un miércoles por la noche, para Luciana “el día difícil de la semana”, ya que es de cierre de edición de Las12: “los miércoles una escribe desde la mañana hasta esta hora de la noche o más tarde incluso”, nos contó. Juana Sostén le robó un momento de su tiempo para conversar sobre lo que siempre nos convoca: el feminismo.

Queríamos empezar con una pregunta que le hacemos muchas veces a nuestras entrevistadas que abiertamente se dicen feministas, como nosotras, y que en muchos casos, como en el nuestro, más o menos recuerdan cuándo –o cómo– empezaron a pensar “por fuera de la norma”, a reconocerse feministas. Todas y todas nos criamos de forma patriarcal porque la sociedad es patriarcal, ¿vos cómo lo viviste? ¿Cuándo o cómo te empezaste a reconocer feminista?

Mirá, yo reconozco… No sé si “pensar fuera de la norma”, pero sí me di cuenta de cuánto pesaba tener un cuerpo de mujer durante la escuela secundaria. Reivindico totalmente que haya sido durante mi adolescencia, tal vez lo que siento, que es que la lucha del feminismo es por y para las jóvenes y las adolescentes, tenga que ver con eso. Siento, más allá de una empatía y de un enorme amor y admiración, una sensación muy clara de que el legado de lo que estamos haciendo es para las más chicas. Claramente siento que sí, que fue cuando entré al colegio secundario y las chicas teníamos que usar guardapolvo y los varones no y la rectora que todavía tenía banderines de la escuela militar nos decía que las chicas éramos las que habíamos arruinado el colegio, que era un colegio de varones hasta un año antes que mi generación entrara: era un colegio de varones al que irrumpimos las mujeres con el regreso de la democracia. Sí, sentí en cuerpo propio el nivel de diferencias tajantes –nos rebelamos. Hicimos, con 70 chicas más, una huelga de guardapolvos. Y siento claramente que esa adolescencia fue donde se marcó ese “poner el cuerpo” a la indignación por la desigualdad.

Y después elegiste el camino del periodismo, ¿cómo es ejercerlo desde una perspectiva de género, desde el feminismo?

Mirá, yo creo que es un camino sin retorno. Empezás a ver cosas que antes no veías. Lo empecé a hacer incluso desde revistas femeninas, que muchas veces son criticadas pero que pusieron un ojo sobre los problemas y los derechos de las mujeres. Mis primeras notas fueron en la revista Luna, donde hacíamos una campaña que era sobre la anticoncepción, [en ese momento] no había anticoncepción gratuita en la Argentina, y para mí es uno de los mayores derechos conquistados desde el regreso de la democracia. Y sin duda ver a las mujeres que tenían hijos obligadas, sin acceso a la ligadura de trompas, que es una de las primeras notas y la que más me impactó, es un lugar del que no volvés. Escuchar a las mujeres y verlas, más allá de que una está atravesada todo el tiempo por situaciones de violencia y discriminaciones, pero es algo que cuando las miraste no podés dar marcha atrás. No podés volver a no mirar todas esas cosas.

Cuando unx sabe algo es imposible después nos saberlo, ¿no?

También es imposible, sinceramente, en este momento. Hay una realidad que también me pasa y me sobrepasa, que tiene que ver con que hoy como periodista hay millones de canales de información y de acceso a determinada información y por el otro lado muy pocas personas [con perspectiva de género] en un periodismo absolutamente precarizado, y también hoy nos resulta absolutamente imposible hacernos cargo de la cantidad de historias que hay dando vueltas, ¿no? Es difícil: por un lado el periodismo tiene límites y por el otro lado es un periodismo precarizado, limitado, en el que somos muy pocas y también es complejo poder ver todo lo que pasa. Sin dudas el compromiso y la llama siguen intactas y mucho más fuertes.

paulita

¿Y cómo ves a los y las colegas con respecto a la perspectiva de género? ¿Te parece que falta mucho para poder escuchar voces que hablen, por ejemplo, desde tu lugar, asumiendo esta perspectiva política en su trabajo?

Sí, yo creo que por un lado falta mucho, que hay una línea de la historia que es simbólicamente muy importante. Por un lado falta, pero por el otro lado también se ha avanzado mucho y contemporáneamente se ha retrocedido mucho. Lo que quiere decir esto es que frente a muchos avances hay enormes reacciones conservadoras. Por ejemplo hoy, esta semana en particular, la televisión está más conservadora que nunca. Creo que es el gran poder que le da la espalda al feminismo y las revistas también, con las tapas que hubo hoy de Máxima y Juliana como soberanas de la elegancia….

Paula Chaves con la aspiradora…

Sí, que no es contra ella, sino contra lo que se quiere mostrar. La idea de dejar el trabajo remunerado como elección cuando en realidad es empujado por la falta de derechos. Y, además, lo que se busca es un modelo de mujer sumisa. La tapa de los medios quieren que las mujeres vuelvan atrás, con cada vez menos derechos. El gobierno sacó el año pasado la jubilación por ama de casa. Como emblema de época: dicen que vuelven a ser amas de casa pero después te sacan la jubilación por ama de casa. Entonces no es cierto que este modelo sea un modelo que garantice ni felicidad ni derechos. Pero generan una idea de que volver un siglo atrás va a dar más felicidad, o que es lo que realmente los varones quieren.

Ahí hay un retroceso. No es que solamente falte perspectiva de género: hay reacción conservadora.

Ya que nombrás estas reacciones conservadoras una de las cosas que te queríamos preguntar es sobre esta campaña de poner un “bebito” en tu balcón; escribiste una nota al respecto, hace poco. Cuando aparecen estas campañas una se vuelve pesimista sobre el futuro, ¿qué pasa con esas reacciones?

Sí, yo creo que no sé si la idea es de pesimismo, pero creo que hoy lo que pasa con el feminismo es que es un movimiento político irreverente frente a poderes que se unen, que no nos damos cuenta de la dimensión que tienen. Creo que hoy el feminismo es la gran alternativa al poder conservador, que une a Rusia con Estados Unidos con el Estado Islámico. Tiene una dimensión política mucho más fuerte de la que se ve. Por el otro lado hay signos ideológicos. La campaña del “bebito” es atacada desde el humor y desde lo bizarro, que me parece genial. Esta idea de que vas a colgar un bebito en un balcón. “No, si te gustan los chicos los vas a disfrutar”: de hecho, si querés hacer la gran Paula Chaves pedí más derechos para que todas las madres lo disfruten, o pedí más guarderías, para que las mujeres puedan tener los hijos que quieran tener en las mejores condiciones posibles.

Licencias extendidas, guarderías en escuelas, en ámbitos de trabajo…

Sí, absolutamente. Es una obviedad lo que estoy diciendo, pero hoy lo que pasa es que parece que hay que volver a explicarlo. Leía en la revista Gente la entrevista a Paula Chaves que decía “Ay, hacés una elección antifeminista”. La elección por la maternidad no tiene nada de antifeminista. El feminismo ha luchado por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y porque las mujeres sean lo que quieran ser, y por supuesto por los derechos de la maternidad, más que ningún movimiento en la historia. No es cierto que el machismo haya luchado por derechos de las madres o porque las madres puedan o quedarse en su casa o trabajar y ser madres lo más tranquilas posibles. No es el machismo el que ha intentado eso, si no el que las ha desamparado.

Entonces por un lado esa campaña tiene ese costado totalmente ficticio pero intenta promover desde el golpe bajo, de la ternura que supuestamente producen los bebés; hay gente a la que le será indiferente, hay gente a la que le parecerá gracioso y gente a la que los bebés le producen ternura, que viene a ser mi caso: me encantan los bebés. Por suerte el humor es una estrategia excelente para desarmar este discurso que dice estar defendiendo a los bebés o ser “pro vida”, pero sí tiene una continuidad ideológica. Por un lado la biografía de ella, que es alguien que defiende la trayectoria familiar, no es solamente un linaje o una relación genética o de crianza. Es la hija no solamente del ex defensor de Videla sino también de un ex ministro de Justicia y Fiscal durante la Dictadura del que se pidió su detención en el 2012 en la causa Camps por haber presenciado torturas. Y esa tradición de la dictadura ella la defiende y escribe loas pro militares.

Su hermano, que pide ser Fiscal y dice estar perseguido por su apellido, esta semana después de la nota me empezó a acusar de estalinista. Es un término que me parece gracioso porque creo que hoy está un poquito perimido. Más allá de que no sería estalinista, ideológicamente. Pero habla del apelativo frente al que la dictadura justificaba detenciones ilegales. El estalinismo es algo que no existe como movimiento histórico, más allá de que yo no lo sea ni lo quiera ser. Y que una nota a favor de la legalización del aborto hable de que pude haber sido estalinista… Implica la continuidad de intentar dar miedo a través de ese tipo de marcaciones.

En tu Twitter hablás de un pasaje que vas a tener que hacer: de “feminazi” a “femiestalinista”

Sí, eso es como algo gracioso, pero que no deja de dar miedo. Yo creo que estamos en una época en donde al feminismo se lo intenta intimidar, a veces indirectamente y a veces muy, demasiado, directamente. Y realmente hay movimientos fascistas que dicen que llamar “feminazis” a las mujeres es porque son una amenaza absoluta. Ahora en Argentina y en el mundo se lo está tomando de manera graciosa: autoadjudicándonos cierta radicalización del feminismo, entonces, sí, somos feminazis, y no nos importa. Es un elogio. Entonces hay que decirles esatalinistas. Ahora el verdadero estigma es decirnos estalinistas. La verdad que lo tomo con humor el mote pero no tomo con humor el hecho de que provenga de voces que han secuestrado, violado, torturado a mujeres, a parturientas, y las hayan hecho tener a sus hijos en campos de concentración. Son justamente el modelo más amenazante para las mujeres, y para los bebitos también.

luciana libro

Tu nuevo libro se titula “La revolución de las mujeres: no era sólo una píldora”. ¿Qué podés contarnos de este libro?

Es un libro que acaba de salir, hace muy poquito, por la editorial Eduvim. El libro es una combinación no lineal de estos 20 años de laburo, de las revistas femeninas hasta las12, que por supuesto es el gran medio en el que escribo, del que tengo la camiseta puesta. Sin las12 no se podría haber hecho; por lo menos toda la trayectoria en periodismo de género, hay muy pocos otros lugares que hayan permitido un desarrollo del periodismo de género tanto como las12, el otro creo que es [la sección] Sociedad, de Página/12, con Mariana Carbajal a la absoluta cabeza. Pero después, la verdad, es un espacio que permitió el desarrollo de un periodismo de género. Y la verdad es que ahora hay un momento de efervescencia del feminismo en el mundo y en la Argentina muy especialmente. Hay muchísimas chicas jóvenes muy interesadas en estudiar, en leer, y la verdad que tenía muchas ganas que estos 20 años por un lado de laburo periodístico y por el otro un montón de experiencias muy concretas para contar y compartir pudieran por lo menos quedar plasmadas en un libro. Y de eso se trata por un lado La revolución de las mujeres.

Por el otro lado, también, se trata de nombrar lo que si no lo nombramos nosotras no lo nombra nadie: las mujeres en el mundo y en la Argentina hicimos una revolución. Cambiamos absolutamente los paradigmas. De no poder votar, de considerarnos incapaces en el código civil, de no tener patria potestad sobre nuestros hijos; cambiamos los derechos a tener las leyes más revolucionarias del mundo, como el Matrimonio Igualitario, la Identidad de Género, la Ley de Violencia, la Ley de Educación Sexual Integral, etc. Hay muchísimo más por reclamar, por pedir. Hay muchas deudas pendientes. Y hay muchos retrocesos, también. Pero la revolución la terminamos haciendo las mujeres y hay que nombrarla como una revolución.

 

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