Grossas sostén: Julieta Lanteri

Por el equipo de Radio Sostén

Presentamos a esta grossa –previamente a nuestras investigaciones no sabíamos que era tan grossa– y algunas de nosotras, debemos admitir, ni siquiera la conocíamos. Se trata de Julieta Lanteri, y es una grossa que hizo de–to–do. Razón por la cual haremos a continuación un recorrido cronológico por las cosas que hizo y dijo por las que luchó en su vida.

Nació un 22 de marzo de 1873 en Cuño, Italia (una ariana con mucha fuegah), y a los 6 años con sus padres y su hermana vinieron a vivir a Argentina, para finalmente en 1910 adquirir la nacionalidad de nuestro país.

En 1886 fue la primera mujer en ingresar al Colegio Nacional de La Plata, logrando ser también la primera mujer en recibirse. Luego continuó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y hacia el año 1898 se graduó de Farmacéutica. Como si esto fuera poco, ocho años más tarde fue la quinta mujer del país en recibirse de Médica[1]; dato más que importante, ya que se trata de una época en la que las mujeres recién empezaban a poder formarse en esa profesión, combatiendo contra muchas resistencias y prejuicios por parte de los varones de la Facultad de Medicina, quienes no querían permitirles estudiar a las mujeres.

A los 36 años, Julieta Lanteri se casó con un hombre 14 años menor, lo cual fue doblemente disruptivo para la época, no sólo por la edad de su esposo sino porque, después de los 30, a las mujeres se las consideraba grandes para casarse: era la edad en que se las mandaba a “vestir santos”.

En 1911, junto con su amiga Raquel Camaña, co–fundó la Liga Pro Derechos de la Mujer y el Niño, y, en ese mismo año, fue la primera mujer incorporada en el Padrón Electoral Argentino, convirtiéndose el 26 de noviembre de 1911 en la primera mujer sudamericana en votar en elecciones. El presidente de mesa donde ella ejerció su derecho al voto fue el historiador Adolfo Saldías, quien le manifestó su satisfacción por haber firmado la boleta de la primera sufragista sudamericana.

Para que pueda ejercer su derecho al voto, hubo un fallo judicial que la avalaba, el juez dijo: “como juez tengo el deber de declarar que su derecho a la ciudadanía está consagrado por la Constitución y en consecuencia que la mujer –Julieta Lanteri– goza en principio de los mismos derechos políticos que las leyes que reglamentan su ejercicio acuerdo a los ciudadanos varones, con las únicas restricciones que expresamente determinan dichas leyes porque ningún habitante está privado de lo que las leyes no prohíben”. Esta última es una de las famosas frases de la Constitución, y además cabe remarcar que el juez dijo que “la mujer goza EN PRINCIPIO de los mismos derechos”, un pequeño fragmento que devela su pensamiento y prejuicio al respecto. Este es un dato llamativo, ya que estamos hablando de un tiempo previo a la famosa Ley Saenz Peña del “voto universal”: la entrecomillamos porque preveía que sólo podían votar aquellos que estaban anotados en el registro militar y tenían libreta de enrolamiento (los varones de la patria), razón por la cual luego de esta ley Julieta Lanteri no pudo votar. Parece que en esas épocas el “universo” estaba constituido sólo por varones.

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Lanteri, a pesar de todo, quería seguir participando del juego político, y fue la primera mujer en postularse como candidata a diputada frente a un padrón compuesto totalmente por varones, del cual obtuvo 1730 votos sobre un total de 154 mil. La plataforma electoral que proponía era altamente progresista e incluía la licencia por maternidad y el subsidio estatal por hijo, la protección a los huérfanos, la prohibición de venta y producción de bebidas alcohólicas, la abolición de la prostitución reglamentada, el sufragio universal para ambos sexos –es decir, que sea realmente universal–, la igualdad civil para los hijos legítimos y los conceptuados no legítimos, horario máximo de seis horas de trabajo para la mujer, salario igual para trabajos equivalentes para los dos sexos (que increíblemente todavía no lo logramos: te la debemos, Juli), jubilación y pensión para todo empleado u obrero, abolición de la pena de muerte, divorcio absoluto y representación proporcional de las minorías en los órdenes Nacional, Provincial y Municipal. La plataforma de una auténtica grossa, que proponía todas estas ideas a principios del siglo XX, en el año 1919, tres décadas antes de que las mujeres pudieran ejercer su derecho a votar. Cuántas de estas ideas todavía no se logran alcanzar.

Julieta Lanteri dijo: “El hombre piensa, estudia y trabaja y jamás siente saciedad del saber ¿por qué la mujer se detiene? De ninguna manera se debe admitir esto y la prueba está en que un despertar placentero se manifiesta en la vida de las mujeres en general y las hace entrar de lleno en la evolución y en el progreso”[2].

[1] Recordamos que la primera mujer en recibirse de medica fue Cecilia Grierson en 1889

[2] Las palabras de Lanteri nos recordaron a la nota que le hicimos a Mercedes Dalessandro, de Economía Femini(s)ta. Podés leer la entrevista acá

[En la programa feminista Juana Sostén nos gusta recordar, rememorar, visualizar a algunas mujeres que por distintos motivos –por algunas cosas que hicieron, por algunas cosas que dijeron, por algunas cosas que pensaron– las consideramos grossas. Nos gusta indagar en todo lo que fueron, aparte de lo que ya conocemos: sabemos que hay mucho más en sus vidas. Son las Grossas Sostén]

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