Jo Cox: una muerte que también es patriarcal

Por Edna/Melissa

No podemos culpar al patriarcado de todo, pero podemos culparlo de casi todo.

La muerte de Jo Cox también fue patriarcal. Jo era diputada, era inglesa, era blanca, provenía de una familia de clase media, había ido a Cambridge (había sido la primera universitaria de su familia) y ninguno de estos privilegios le impidió morir a plena luz del día en las calles del distrito (constituency) al que representaba con mucho entusiasmo. Thomas Mair, su asesino, la mató por pensar distinto (y por actuar en consecuencia) y la mató con una brutalidad inmensa, descargando su odio en el cuerpo de Jo –el cuerpo de una mujer que no se quedó en la esfera privada– como si fuera un animal que se carnea con gusto.

¿Es casual?

Thomas Mair fue arrestado y al momento de presentarse en la corte no dio su nombre, dijo “muerte a los traidores, libertad para Gran Bretaña”. La jueza de instrucción dijo “Teniendo en cuenta el nombre que acaba de dar, debería ser revisado por un psiquiatra”. Pero decir “muerte a los traidores, libertad para Gran Bretaña”, ¿es un trastorno psicológico o una firme convicción xenófoba?

Mañana, 23 de junio de 2016, Gran Bretaña tendrá un referendum para decidir si se quedan o no en la Unión Europea. La misma mañana del asesinato de Jo, Nigel Farage, el principal líder de opinión para el voto “leave” (salir de la Unión Europea, también llamado “Brexit”) descubrió un poster que mostraba largas filas de gente apretada –refugiados, prácticamente todos varones– y una frase: Breaking point, “Punto límite”. La imagen utilizada es la de un grupo de refugiados (que escapan al ISIS) cruzando la frontera entre Eslovenia y Croacia, a miles de kilómetros del Reino Unido. Farage presentó el poster con orgullo y unos días después dijo que ofrecía sus disculpas por el “mal timing” de haberlo hecho el mismo día en que moría Jo, pero que no pedía disculpas por “decir la verdad”.

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Nigel Farage, orgulloso de su poster xenófobo: “Punto límite: la Unión Europea nos falló a todos”

A diferencia de Farage, Jo Cox no sólo bregaba por quedarse en la Unión Europea, sino que además creía en el fortalecimiento de las comunidades a través de la inmigración. Creía en ser compasiva y establecer lazos con los refugiados, con las víctimas de la violencia, en especial con mujeres y niñxs.

La muerte de Jo Cox impactó fuertemente en Siria. Los “cascos blancos”, un grupo de defensa civil conformado por voluntarios, echó a correr la noticia en aquel país devastado por seis años de guerra civil. “Es bastante impresionante ver a los sirios, desde la misma Siria, un país destruido por la guerra, con acceso limitado a las comunicaciones, tuitear y hablar sobre una parlamentaria británica”, dijo Nader Ibrahim, productor de la BBC, “en especial porque muchos sirios se sienten defraudados por Occidente y la comunidad internacional, que no han hecho mucho para detener la guerra en su país. Verlos llorar a una diputada occidental es movilizador”.

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Aleppo llora a Jo #MoreInCommon (“Más en común”) #LoveLikeJo (“Amar como Jo”)

“Muerte a los traidores, libertad para Gran Bretaña”, dijo Mair, el hombre que le asestó siete puñaladas y le disparó tres veces a Jo Cox, al mediodía, en Inglaterra. “Yo también si abriese el diario y prendiese la radio cada mañana y escuchase que dejamos entrar a cualquiera y que son todos violadores que atacan a nuestras mujeres y que si no hacemos esto o lo otro entonces estamos todos condenados”, dijo el periodista James O’Brien tras conocerse la noticia de la muerte de Jo, “si yo también escuchase que tenemos que ‘recuperar nuestro país’ cada vez que me levanto de la cama a la mañana, entonces empezaría a creerlo”.

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En una misa por Jo Cox asistieron personas de todas las confesiones

Al momento de morir, Jo estaba preparando un informe sobre la islamofobia en su distrito. Los ataques a musulmanxs, según un estudio, aumentaron exponencialmente de un año a otro. Las principales víctimas son mujeres. “Muchas mujeres (musulmanas) no se sienten a salvo cuando están en la calle”, había dicho Jo Cox.

Esta vez fue ella la que no estuvo a salvo en la calle. No es casual que un hombre blanco que era “tranquilo” y “solitario” la matase por creer que sus políticas de inclusión permitían, por ejemplo, que a su país entrasen grandes malones de potenciales violadores. No es casual que la haya asesinado de forma tan brutal, ese hombre “tranquilo, que no mataría ni una mosca”; no es casual que haya dispuesto así del cuerpo de una mujer.

Ser un hijo sano del patriarcado también es eso: parecer tranquilo, asesinar a una mujer (en este caso una mujer pública), y luego quedarse convencido de que se estaba en lo cierto.

Jo murió en brazos de su asistente, Fazila Aswat, una joven mujer británica de confesión musulmana. Le dijo “No creo que vaya a sobrevivir, el dolor es muy grande”. Su viudo, Brendan Cox, pidió que se la honrase como ella hubiese querido: “uniéndonos contra el odio que la mató”.

Ella decía que había aprendido una lección en la vida: “Si ignorás un problema, este se vuelve peor”. No hay que ignorarlo: ser una mujer que piensa que la democracia es la igualdad de derechos en el respeto a las diferencias puede llevarte a la muerte.

Hoy es el cumpleaños de Jo Cox. Habría cumplido 42 años.

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