Después del #NiUnaMenos: Vos y yo luchando juntas y ganando

Por Edna/Melissa / Foto de Judith/Mariángeles

Mi origen no es tu costilla, tu origen es mi útero

Yo no soy perro, no me silbes

¿Qué será de esas chicas jóvenes con esos carteles tan creativos, tan sinceros, tan impactantes? ¿Qué será de esas señoras rubias que caminaban juntas en el medio de las agrupaciones políticas? ¿Qué habrán dicho en el jardín las nenas y los nenes que acompañaron a sus padres? ¿Qué habrán replicado en el colegio lxs adolescentes que marcharon con energía? ¿Cómo será la vida de todas esas mujeres que salieron de sus casas a juntarse, a marchar, a cantar, a contar, a gritar que nos queremos con vida, que no queremos ni una menos?

En la segunda marcha por el #NiUnaMenos, en el segundo 3 de junio histórico, las plazas y calles de todo el país se colmaron de mujeres. Una marcha tan federal como el machismo. Participaron las víctimas de violencia y lxs familiares de víctimas de femicidio. Hablaron, contaron, exigieron políticas y justicia, hicieron visible las marcas de la violencia. Pero también se acercaron tantas otras personas, en su mayoría mujeres, que acompañaban la consigna, este año ampliada al “Vivas nos queremos”. Venían abrigadas al son del invierno, disfrazadas con pelucas o bonetes, escobas en mano, cubiertas de una pátina de brillantina o maquilladas del violeta oscuro de los golpes. Junto a las pancartas y las banderas estaban todos aquellos carteles. Carteles tan personales como políticos.

 Acá están la concha de tu hermana y la puta que te parió pidiendo respeto

Quiero dejar de preocuparme si seré la próxima

¿Qué será de esas chicas jóvenes con esos carteles cuando vuelvan a sus casas, a sus vidas, a tomarse todos los días el bondi, a caminar por la calle bajo la mirada masculina? ¿Qué pasa con la mujer que fue por su cuenta, se encontró hermanada, y vuelve a un círculo de amistades o familiares que no se movilizó el 3 de junio?

Pasó una semana del #NiUnaMenos, del #VivasNosQueremos, y hablar y contar y registrar y decir, decir, decir se ha vuelto, más que nunca, una necesidad. Que hayan sido tantas, que hayamos sido tantxs, es el pálpito de una necesidad: la necesidad de visibilizar. Visibilizar la opresión, que está en todas partes y a todo momento. Contar la violencia. Ponerle nombre a lo que nos pasa, ocupar las calles y las plazas, exigir justicia, exigir calidad de vida, luchar por la libertad.

En una sociedad que naturaliza el silencio de las mujeres, ocupar el espacio público con todos esos carteles y esos gritos y esas palabras y esos testimonios es trascendental.

 Sin las travas no hay ni una menos

De camino a casa quiero ser libre, no valiente

Ni la ropa, ni las costumbres, nada justifica una violación

Pasó una semana del #NiUnaMenos, del #VivasNosQueremos, y en la tele y en los diarios el show sigue siendo el mismo (mujeres–objeto, mujeres que proponen vagones para mujeres “para evitar el acoso sexual” –erradicarlo es muy difícil, parece–) y en las casas y en las calles la realidad nos sigue golpeando en todo el cuerpo: Adela fue asesinada por su ex pareja, con su bebé en brazos. Liliana fue asesinada de un tiro en la cabeza por su pareja, policía. En el documento 2016 del colectivo NiUnaMenos, suerte de manifiesto, uno de tantos reclamos: “Cuando [la violencia machista] nos niega la palabra en el espacio público, la silencia o la minimiza; cuando los medios masivos de comunicación sólo nos retratan señalando un deber ser, en falta, o como víctimas, mata nuestro derecho a cambiar el mundo”.

 Somos mujeres, no somos objetos

Recibí 18 puñaladas

Yo ya tengo una menos: mi hermana asesinada brutalmente por su esposo

Pasó una semana y todas esas mujeres que participaron del #NiUnaMenos, ¿cómo viven su día a día en un país signado por la violencia machista? Quienes militamos el feminismo día a día y dejamos hace ya un tiempo de preocuparnos por quedarnos calladas ya le hemos quemado el bocho a medio mundo (y que nadie se angustie que no vamos a dejar de hacerlo), pero la puerta que abre cada 3 de junio es para todxs aquellxs que conviven con lo no–dicho, con lo no–visibilizado (como todxs) y gracias a encontrarse hermanadxs, bajo la misma lluvia y con el mismo paraguas, empiezan a construir, entre todxs, esa sociedad libre, igualitaria, en donde nadie corre peligro de vida por ser quien es o decide ser.

Las mujeres son amigas, no comida

Vivas nos queremos.

política2
Ada Shelby (Sophie Rundle) en Peaky Blinders (BBC)

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