Un abrazo de TV

Por Edna/Melissa

Soy seguidora de la serie estadounidense The Good Wife (“La buena esposa”), que hoy va por su séptima -y última- temporada. La protagonista de la serie, Alicia Florrick (Julianna Margulies), es una abogada devenida ama de casa que debe volver al mercado laboral cuando su marido, un funcionario, se ve envuelto en un escándalo político y sexual (e incluso va preso). De ahí en más la serie sigue la vida profesional, amorosa y familiar de Alicia pasando por muchísimos temas de la actualidad social estadounidense (lo cual me hizo aprender mucho sobre los quilombos domésticos que tienen por allá) y por todos los altibajos propios a su condición de “mujer de”, de abogada, de madre y de mujer (blanca) de clase medio-alta.

El último capítulo que se emitió es el número 13 de esta temporada. Alicia, que ya se sentía rota desde hace dos episodios, le confiesa a Lucca, su colega y socia, el por qué de su depresión. Ese pequeño monólogo sufriente me hizo pensar muchas cosas. Me hizo pensar en cómo muchas veces el lugar de la mujer en nuestra cultura es el de la “sacrificada” (en especial en relación a la maternidad) que relega sus proyectos personales por los de lxs demás. Me hizo pensar también en lo importante que es -todxs- poder contar con otra(s) persona(s) para nuestros momentos más tristes y oscuros, y que existe una fortaleza inmanente en necesitar de lxs demás, en buscar su sustento.

Se ve que no fui la única en quedar impactada por la escena: alguien recortó ese momento del capítulo y lo subió a YouTube. A continuación compartimos en este blog el video y la transcripción traducida:

Video: http://www.youtube.com/watch?v=P68uLDr-ung

Alicia: Estaba enamorada, él murió. Me enteré que me había dejado un mensaje diciéndome que me amaba, pero yo no lo recibí. Ahora me siento asqueada a muerte de… todo. Este departamento, este lavarropas, el hecho de que las cosas se ensucien, la justicia –el sólo hecho de estar parada acá. A veces, lo juro, sólo quiero ir a mi habitación, taparme entera con las sábanas y no hacer nada más, nunca. Estoy tomando como no lo hacía antes. Y cada vez que termino un trago sólo quiero tomar otro. Y después todo se empapa de más cosas desagradables. No estoy hecha para ser una persona infeliz, me gusta reír. Me mato de risa mirando videos en YouTube pero después me siento acá, sola, en este estúpido departamentito, preguntándome qué mierda le pasó a mi vida. ¿Se trataba todo de tener dos hijos que ya ni siquiera sé si me siguen cayendo bien? ¿Empujarlos a ser alguien importante? En serio, ¿acaso de eso se trataba?

Estoy sufriendo y lo único que quiero es que se acabe, que se termine. Es que… yo era amada por alguien y eso se acabó, ¿entonces por qué estoy haciendo esto?

Lucca: Alicia, estás acá porque yo te necesito acá. No me gusta la gente, pero vos sí me agradás. Creo que ni siquiera mi hermano me cae bien. Me molesta. No tengo amigos. Tengo treinta años y no tengo un sólo amigo. Pero quiero ser tu amiga. ¿Tenés un anillo o algo? ¡Comprometámonos! Porque eso es lo que realmente podés elegir: yo, acá, queriendo ser tu amiga. Todo lo demás te es entregado. Todo lo que tenés que decir es que estás dispuesta a ello. Lo digo en serio, tenés que decirlo.

Alicia (riendo): Estoy dispuesta.

Lucca: Ahora, tengo que preguntarte esto. ¿Tenés algún arma en este departamento?

Alicia (riendo): No, no tengo.

Lucca: Bien. Porque por un momento medio que me asustaste.

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